Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
El engaño viene a la mesa,
servido con velas y platos de plata.
La casa vacía y colgajos dudas,
diseminados por el suelo,
coagulada la primera impresión,
vino la noche más larga de mi vida,
la borrosa, de la cual solo recuerdo la mitad.
Con una soledad de pampa,
caminando sobre la escarcha hacia el bosque,
te fuiste y te arroje en medio de la única laguna
que habita en medio del monte.
No hay nada como la soltería forzada,
todos los pájaros parecen de bellos colores
y uno cargado de flores,
una para cada tipo de ojos,
una flor para cada especie de pájaro.
Todo es arrebato, todo es una cacería
inhóspita y fría,
la presa revive en la mañana frente al espejo,
hay el cazador luce la cabeza de su pieza,
frente a los ojos diminutos de felicidad artificial,
con brillo de neón.
Yo tenía razón,
dice la cabeza al corazón,
tu te has perdido esta noche.
El agua lava la cara y diluye la máscara,
quedo otra vez en el mundo,
quedo otra vez en el dintel de la puerta,
con el miedo de siempre,
el de saltar al vacío de la vida nuevamente.
La mano tuya en el bolsillo,
en la otra un cigarrillo,
en la cabeza un vago recuerdo de la cacería nocturna,
el corazón vacío persistentemente.
El cielo lleno de pájaros
y yo saturado con flores de plástico.
Soltero y cazando.
Riendo y llorando.
Con el mismo traje del que te llevo y te dejo.
Año 1.