loko vini
Poeta recién llegado
Tras las cortinas, tu cuerpo se esconde, callado, frío, inerte, esperando ese instante fugaz para desmembrar mi voz enmudecida, la tenue sonrisa de tu rostro, eficaz cadáver de las lágrimas derramadas, ahuyenta mi mirada enceguecida por las eternas horas que juntos marchamos al averno, heridos desembocando en nuestras pieles una sinfonía de espinas ardientes, ahogándonos con nuestras propias bocas, derramando nuestra sangre sobre la cama, rogando al mundo que nunca termine.
Ahora las alas están rotas, devoras sin piedad las pocas caricias que aún guardo, reclamas la pureza de mi boca ya manchada por tus entumecidos labios rojos, secretan de mí, náuseas por cada vaso bebido de tu cuerpo, la necrosis avanza por mis venas enterrando cada vez más tu presencia en mí, nefasto de demonio, cada caricia tuya quebranta mi existencia, destierra ahora tu boca de la mía, extermina tu incendiada mirada.
Solos, enloqueciendo a cada minuto por las cenizas que nos hemos dejado, buscamos las sobras del mundo en los ojos de un títere, placer buscado que entre un basurero de sueños fallece ebrio de venganza, desprendemos ahora olor a muerte, vacíos, tan débiles desperdiciamos la poca cordura que nos queda llenándonos de espinas los ojos que ya sangrantes prefieren no mirar nuestros rostros.
Cementerios de historias son nuestros desollados cuerpos, despojos de un asesino serial que impactó su puñal sobre la delgada sábana, soltando la vida en el último suspiro de un sueño, alejadas nuestras voces susurran gritos de rabia y odio, tan cerca que el viento se asfixia de ellos, pecado carnal que en nuestras mentes hierve fundiendo la pasión corporal en hedores fríos y necios, destapando las alcantarillas donde nuestros cuerpos inertes se pudrirán eternamente.
Ahora las alas están rotas, devoras sin piedad las pocas caricias que aún guardo, reclamas la pureza de mi boca ya manchada por tus entumecidos labios rojos, secretan de mí, náuseas por cada vaso bebido de tu cuerpo, la necrosis avanza por mis venas enterrando cada vez más tu presencia en mí, nefasto de demonio, cada caricia tuya quebranta mi existencia, destierra ahora tu boca de la mía, extermina tu incendiada mirada.
Solos, enloqueciendo a cada minuto por las cenizas que nos hemos dejado, buscamos las sobras del mundo en los ojos de un títere, placer buscado que entre un basurero de sueños fallece ebrio de venganza, desprendemos ahora olor a muerte, vacíos, tan débiles desperdiciamos la poca cordura que nos queda llenándonos de espinas los ojos que ya sangrantes prefieren no mirar nuestros rostros.
Cementerios de historias son nuestros desollados cuerpos, despojos de un asesino serial que impactó su puñal sobre la delgada sábana, soltando la vida en el último suspiro de un sueño, alejadas nuestras voces susurran gritos de rabia y odio, tan cerca que el viento se asfixia de ellos, pecado carnal que en nuestras mentes hierve fundiendo la pasión corporal en hedores fríos y necios, destapando las alcantarillas donde nuestros cuerpos inertes se pudrirán eternamente.
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