Añoranza de un Nica
Desde la roca de la Virgen de la Piedra
en las frías montañas de Santa Maria
en mi departamento de Nueva Segovia,
al tope del norte de mi patria.
Hasta la luz que emanan estelas
de mi calurosa frontera en el sur,
donde guarda el beso mi rio San juan
en la cercana Peñas Blancas.
Desde la isla azul, mi Corn Island
en mi extraña y exótica Costa Atlántica
hasta las mantas diamantadas
de mi refrescante Pochomil.
He de abrazar tu cuerpo entero
cual manto, morena y bonita chavala.
Eres mi Nicaragua, mi patria.
Mi tierra, madre y hermana.
Desde que me diste tu luz,
prometí defender tus alas,
a punta de lápiz y letras;
a punta de fusil y de balas.
Si no tuviera esas armas,
con las yemas de mis dedos, matara.
Y si también eso me falta,
te defiendo entregándote el alma.
Añoranza anhelada del hijo despierto
con las fuerzas de mis llamas.
Te digo de cerca...o de lejos:
Te añoro, cielo de mi patria.
©Franklin Villanueva
Desde la roca de la Virgen de la Piedra
en las frías montañas de Santa Maria
en mi departamento de Nueva Segovia,
al tope del norte de mi patria.
Hasta la luz que emanan estelas
de mi calurosa frontera en el sur,
donde guarda el beso mi rio San juan
en la cercana Peñas Blancas.
Desde la isla azul, mi Corn Island
en mi extraña y exótica Costa Atlántica
hasta las mantas diamantadas
de mi refrescante Pochomil.
He de abrazar tu cuerpo entero
cual manto, morena y bonita chavala.
Eres mi Nicaragua, mi patria.
Mi tierra, madre y hermana.
Desde que me diste tu luz,
prometí defender tus alas,
a punta de lápiz y letras;
a punta de fusil y de balas.
Si no tuviera esas armas,
con las yemas de mis dedos, matara.
Y si también eso me falta,
te defiendo entregándote el alma.
Añoranza anhelada del hijo despierto
con las fuerzas de mis llamas.
Te digo de cerca...o de lejos:
Te añoro, cielo de mi patria.
©Franklin Villanueva