Todas las tardes, sin falta, llegaba
a esperar en la colina cercana,
aquella que daba frente a la casa,
a mirar en la ventana a su amada.
Sus ojos de áureas alas disponían,
sus brazos a la lejanía se abrían;
a la distancia volaba de alegría
y a su mente con rosas la atraía.
En una flor su amor la entregaba,
su pasión en misiva la expresaba,
su anhelo lo decía en su mirada,
sin palabras le ofrendaba hasta su alma.
De un poeta era su lenguaje fino,
de un pajarillo el delicado trino;
sus palabras la suavidad del nido
con la arcana dignidad del sino.
Si la fortuna esquiva le permitía
y el rostro amado en el alféizar veía,
la noche oscura para él se encendía
y a la luz de un nuevo sol amanecía.
Quien cerca de él, allí mismo estuviera,
por frío, por muerto bien lo sintiera,
como si ni alma ni espíritu tuviera
y el cuerpo en aliento se convirtiera.
Es que su trémulo ser se elevaba,
su pálido cuerpo se transparentaba,
en las dulzuras del amor se inspiraba,
y hasta su amada impoluto llegaba,
Para él el amor era vivo sagrario,
la mujer inmaculado santuario,
el sexo un secreto, divino incensario,
la declaración un santo rosario,
Y yo soy ahora un fiel anticuario,
que aún tiene arranques de cuaternario,
que no ha podido escribir en su diario
lo que es lo moderno, lo rutinario.
a esperar en la colina cercana,
aquella que daba frente a la casa,
a mirar en la ventana a su amada.
Sus ojos de áureas alas disponían,
sus brazos a la lejanía se abrían;
a la distancia volaba de alegría
y a su mente con rosas la atraía.
En una flor su amor la entregaba,
su pasión en misiva la expresaba,
su anhelo lo decía en su mirada,
sin palabras le ofrendaba hasta su alma.
De un poeta era su lenguaje fino,
de un pajarillo el delicado trino;
sus palabras la suavidad del nido
con la arcana dignidad del sino.
Si la fortuna esquiva le permitía
y el rostro amado en el alféizar veía,
la noche oscura para él se encendía
y a la luz de un nuevo sol amanecía.
Quien cerca de él, allí mismo estuviera,
por frío, por muerto bien lo sintiera,
como si ni alma ni espíritu tuviera
y el cuerpo en aliento se convirtiera.
Es que su trémulo ser se elevaba,
su pálido cuerpo se transparentaba,
en las dulzuras del amor se inspiraba,
y hasta su amada impoluto llegaba,
Para él el amor era vivo sagrario,
la mujer inmaculado santuario,
el sexo un secreto, divino incensario,
la declaración un santo rosario,
Y yo soy ahora un fiel anticuario,
que aún tiene arranques de cuaternario,
que no ha podido escribir en su diario
lo que es lo moderno, lo rutinario.