Años

JUAN MATIAS ARMANO

Poeta recién llegado
A las reminiscencias de un amor,
pesquisando
hacia el pasado,
deambula inmune su verano,
suspendido y congelado.

Memorias, como cualquier humano,
inhalando un amor de lágrimas
cascada,
en la sala donde ella se embarcó al ocaso,
sin mirar siquiera, el espasmo de su alma.

Galopan y galopan los veranos,
pero su sangre sigue
corriendo helada,
ya no hay nada
en su vacío arcano,
diecinueve marzos
de neblinas desgarradas.

A la sala nunca regresó
el color de su vendimia,
los veranos fueron eclipsados,
bajo un aire que se exhala coagulado
desde lo más hondo de su cuerpo sin vida.

Todavía, sus huesos que cuelgan del armario,
purgan aquel invierno
anquilosado de la saga,
donde ella lo abandonó,
renegreando al escenario,
sin mirar siquiera, su esencia agonizada.

Ya no hay nada, a excepción de sus huesos olvidados,
pero el blanco hacia la sala es suprimido
allí en un grana fugaz y renovado.

Porque él yace exánime, hace veranos y veranos,
pero su corazón la espera enamorado
por los siglos de los años.

Y seguirá pulsando,
acaso si sus huesos se esfumaran,
sobre el violáceo suelo, de una alcoba encapsulada.
 
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