Acoge un mural de arcilla mi llanto,
sordo como la garganta que me asila
le dedico un pensamiento solitario.
Solo, en medio de mi espacio, soy dueño,
y extiendo los brazos: a tocar sus mejillas,
-del Templo- que es un Cielo venido a Tierra.
Me arrullan el sueño y la voz del río,
me llama un duende de ojos sangrientos,
sonríe con él, la sola esencia del viento.
sordo como la garganta que me asila
le dedico un pensamiento solitario.
Solo, en medio de mi espacio, soy dueño,
y extiendo los brazos: a tocar sus mejillas,
-del Templo- que es un Cielo venido a Tierra.
Me arrullan el sueño y la voz del río,
me llama un duende de ojos sangrientos,
sonríe con él, la sola esencia del viento.