carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
. . . the American continents, by the free and independent condition which they have assumed and maintain, are henceforth not to be considered as subjects for future colonization by any European Power: James Monroe
No es para sojuzgar al mundo,
no es por causa de opresión
para lo que el Estado nacional ha surgido.
Y usted lo entiende, John, pero no todos
lo entienden. Pocos son y es triste.
Quiero que aconseje al nuevo virginiano,
a él, a James, a Mr. Monroe, porque ha peleado
contra el coloniaje, él se prefigura un varón íntegro.
Un hombre mesurado.
Es indispensable que se mire hacia el Sur
y se vea, no sólo a España y la Florida,
o a Cuba llena de mercenarios y gringos
que la compran por tanto hijodeputa
que la vende, por sacarinocracia,
hay quien no la merece.
Es deseable que entienda a la Luisiana
y no se deje llevar por más territorialismo.
El ama a Francia, pero no todo francés
ama a su hermano, al negro.
Invoco la memoria de James en el Ejército Continental
de Washington, cuando él dio sus batallas.
Lo recuerdo tan juvenil, fiero anti-federalista
en la Convención de Virginia en 1790,
hábil negociador, siempre amigo de Francia:
la Compra de Luisiana es un premio,
o un regalo de Dios a América
por su causa; pero tiene sus peros...
La codicia y la opresión no es cosa de distancias
entre un Imperio y otro, también se sostiene
desde dentro; muy cercanamente,
si el hombre la atesora, corazón adentro.
Entiendo por qué fue jeffersoniano.
Es que ambos son valientes;
Thomas y James parecen haber nacido
como hermanos; tienen algo muy francés
que no es el atropello, luz como revolucionarios.
Del presidente Jefferson recuerdo el año
cuando tropas francesas entraron a New Orleans.
Cuando enviaron contingentes a la isla de Santo Domingo.
Iban a reprimir sublevaciones, a terminar
el derechos de depósitos, derechos navegatorios,
destruirían el comercio que los EE.UU.
pactó para mutuo beneficio.
Monroe y Jefferson se portaron
a la altura necesaria. Los entiendo,
También pienso en usted, John Quincy.
Hoy, que todo el hemisferio está desechando a los amos,
está llegando la era de Nuevas Naciones
y James se preocupa por cosas necesarias
para las patrias nuevas y el mundo;
¿reconocerá él a las nuevas hermanas
que han combatido tanto, desde el 1800?
¿Entenderá a Miranda, a Sucre, a Bolívar?
Es que van más de 20 años y está pensando
sólo en que España debe soltar la Florida.
No todo acaba con la Compra de Luisiana.
A la América Latina no debe tratársela
con miedo de racismo, con voluntad excluyente.
Al buen James, lo escucho en medio
de tan aguda depresión de las finanzas.
Sí, veo cómo debate con esclavistas bravos
del Territorio de Missouri, cómo se inventa
viajes de Buena Voluntad, cómo preconiza
The Era of Good Feelings, pero se lo comen vivo.
El Congreso es amargo y el gobierno es saboteante
y asesino todavía... En su Gabinete está
el sureño John Caldwell Calhoun,
Secretario de Guerra, y mira cómo se conmociona
mi voz al mencionarlo. Es mal augurio
aunque me alegra que seas, Adams,
Secretario de Estado. Calhoun es peligroso,
es el Nulificador, vocero de la esclavitud
y del racismo. El no es como usted, John Adams.
Nos llevará a la guerra y al desastre,
a la crisis constitucional. Vendrá la prueba dolorosa
del Pacto Corrupto, vendrá la Secesión,
con sus olas de muerte, y las mentiras
de los males necesarios, opresores.
La esclavitud, por ejemplo.
No es a Jefferson ni a Madison
a quienes más temo. Es a Calhoun
porque él está junto a James, muy cerca tuyo.
El inyecta veneno.
Y brindará por la ruptura federal,
contra la República soberana y el gobierno surgido.
No es para sojuzgar al mundo,
no es por causa de opresión de unos y otros
para lo que nació el Estado nacional
con Washington y Monroe. Contigo, Adams.
Y usted lo entiende, John, pero no todos
lo entienden. Son pocos y es triste.
28-07-2000 / El libro de la guerra
---
PD: Un aspecto de mi trabajo «El libro de la guerra» es un análisis de filosofía de la historia, una reflexión sobre los héroes y antihéroes de la historia norteamericana, latinoamericana y mundial; no sólo de los aspectos humanos y estructuras de la guerra, si es que es un mal necesario. Para mí, la guerra y la defensa tienen contextos diferentes, a veces paradójicos. Creo en la Defensa Nacional, la que bien aplicada no requiere la guerra como praxis, más bien, firme diplomacia. Aquí un poema sobre los orígenes de la Doctrina Monroe, que John Q. Adams le aconsejera a James, ante un esclavista y antilatinoamericano como Calhoun, miembro del Gabinete de Monroe.
No es para sojuzgar al mundo,
no es por causa de opresión
para lo que el Estado nacional ha surgido.
Y usted lo entiende, John, pero no todos
lo entienden. Pocos son y es triste.
Quiero que aconseje al nuevo virginiano,
a él, a James, a Mr. Monroe, porque ha peleado
contra el coloniaje, él se prefigura un varón íntegro.
Un hombre mesurado.
Es indispensable que se mire hacia el Sur
y se vea, no sólo a España y la Florida,
o a Cuba llena de mercenarios y gringos
que la compran por tanto hijodeputa
que la vende, por sacarinocracia,
hay quien no la merece.
Es deseable que entienda a la Luisiana
y no se deje llevar por más territorialismo.
El ama a Francia, pero no todo francés
ama a su hermano, al negro.
Invoco la memoria de James en el Ejército Continental
de Washington, cuando él dio sus batallas.
Lo recuerdo tan juvenil, fiero anti-federalista
en la Convención de Virginia en 1790,
hábil negociador, siempre amigo de Francia:
la Compra de Luisiana es un premio,
o un regalo de Dios a América
por su causa; pero tiene sus peros...
La codicia y la opresión no es cosa de distancias
entre un Imperio y otro, también se sostiene
desde dentro; muy cercanamente,
si el hombre la atesora, corazón adentro.
Entiendo por qué fue jeffersoniano.
Es que ambos son valientes;
Thomas y James parecen haber nacido
como hermanos; tienen algo muy francés
que no es el atropello, luz como revolucionarios.
Del presidente Jefferson recuerdo el año
cuando tropas francesas entraron a New Orleans.
Cuando enviaron contingentes a la isla de Santo Domingo.
Iban a reprimir sublevaciones, a terminar
el derechos de depósitos, derechos navegatorios,
destruirían el comercio que los EE.UU.
pactó para mutuo beneficio.
Monroe y Jefferson se portaron
a la altura necesaria. Los entiendo,
También pienso en usted, John Quincy.
Hoy, que todo el hemisferio está desechando a los amos,
está llegando la era de Nuevas Naciones
y James se preocupa por cosas necesarias
para las patrias nuevas y el mundo;
¿reconocerá él a las nuevas hermanas
que han combatido tanto, desde el 1800?
¿Entenderá a Miranda, a Sucre, a Bolívar?
Es que van más de 20 años y está pensando
sólo en que España debe soltar la Florida.
No todo acaba con la Compra de Luisiana.
A la América Latina no debe tratársela
con miedo de racismo, con voluntad excluyente.
Al buen James, lo escucho en medio
de tan aguda depresión de las finanzas.
Sí, veo cómo debate con esclavistas bravos
del Territorio de Missouri, cómo se inventa
viajes de Buena Voluntad, cómo preconiza
The Era of Good Feelings, pero se lo comen vivo.
El Congreso es amargo y el gobierno es saboteante
y asesino todavía... En su Gabinete está
el sureño John Caldwell Calhoun,
Secretario de Guerra, y mira cómo se conmociona
mi voz al mencionarlo. Es mal augurio
aunque me alegra que seas, Adams,
Secretario de Estado. Calhoun es peligroso,
es el Nulificador, vocero de la esclavitud
y del racismo. El no es como usted, John Adams.
Nos llevará a la guerra y al desastre,
a la crisis constitucional. Vendrá la prueba dolorosa
del Pacto Corrupto, vendrá la Secesión,
con sus olas de muerte, y las mentiras
de los males necesarios, opresores.
La esclavitud, por ejemplo.
No es a Jefferson ni a Madison
a quienes más temo. Es a Calhoun
porque él está junto a James, muy cerca tuyo.
El inyecta veneno.
Y brindará por la ruptura federal,
contra la República soberana y el gobierno surgido.
No es para sojuzgar al mundo,
no es por causa de opresión de unos y otros
para lo que nació el Estado nacional
con Washington y Monroe. Contigo, Adams.
Y usted lo entiende, John, pero no todos
lo entienden. Son pocos y es triste.
28-07-2000 / El libro de la guerra
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PD: Un aspecto de mi trabajo «El libro de la guerra» es un análisis de filosofía de la historia, una reflexión sobre los héroes y antihéroes de la historia norteamericana, latinoamericana y mundial; no sólo de los aspectos humanos y estructuras de la guerra, si es que es un mal necesario. Para mí, la guerra y la defensa tienen contextos diferentes, a veces paradójicos. Creo en la Defensa Nacional, la que bien aplicada no requiere la guerra como praxis, más bien, firme diplomacia. Aquí un poema sobre los orígenes de la Doctrina Monroe, que John Q. Adams le aconsejera a James, ante un esclavista y antilatinoamericano como Calhoun, miembro del Gabinete de Monroe.