Odisea
Poeta recién llegado
La palma de un demonio me cedió su rostro,
por ello resucito cada domingo con la sal hibernando mi infortunio,
no debería abstracto paisaje crecer
en hierba seca y cruda.
Mientras el diamante susurre mis coros cuando reluzco en tus ojos,
y las sombras invernales a merced de tu piel te calmen con miel,
saldrá el alba por la noche adormecido
de laureles inmarcesibles.
Con sus dedos fúnebres sobre mi
recito en efímera epifanía,
para la luna traer a tus pies...
Ten cuidado que pronto acaba y toda fe parece derrumbar, pero cuál lucero incorruptible renace la humanidad, y en ella las esperanzas de todo hablador
por ello resucito cada domingo con la sal hibernando mi infortunio,
no debería abstracto paisaje crecer
en hierba seca y cruda.
Mientras el diamante susurre mis coros cuando reluzco en tus ojos,
y las sombras invernales a merced de tu piel te calmen con miel,
saldrá el alba por la noche adormecido
de laureles inmarcesibles.
Con sus dedos fúnebres sobre mi
recito en efímera epifanía,
para la luna traer a tus pies...
Ten cuidado que pronto acaba y toda fe parece derrumbar, pero cuál lucero incorruptible renace la humanidad, y en ella las esperanzas de todo hablador