Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy que las canas se eternizan en mi cabello,
he de contarte mi bella , más te echo de menos,
siendo las dos pasado meridiano
y caminando bajo el sol de mi Santiago,
he de preguntarte preciosa,
cómo haces para caminar a mi lado,
sin que tu cuerpo gracioso se mueva junto a mis pasos.
Hoy que mis ojos se divierten con genialidades de Nicanor,
otro Parra al igual que Violeta y el tío Lalo rasgando su guitarrón,
el mismo que advierte,
si han de subir a la montaña rusa de sus poemas,
no responde, si echan sangre por boca y narices,
he de confesarte que bailas entre sus letras,
aunque la luz de tu sonrisa no roce mis fauces.
Hoy que esbozo sonrisas al viento,
aunque enajenado aparezca en mi tránsito,
he de avisarte que abras las ventanas de par en par,
para que sientas la brisa que ha de acariciar tu alma
y estremezcas con mis seductores toques,
que han de llegar desde el sur de tu norte,
donde las olas al borde de tu morada
susurren cada uno de mis versos entornados.
Hoy que vertiginosa corre la vertiente,
desde la cúspide a mis labios,
para desgarrar las sábanas que algún día apreté desolado,
he de mostrarte el manifiesto,
con el sumo excitante diseminado,
que sobre el tálamo celoso había guardado,
para hacerlo estallar hermoso en tu vientre
haciendo por fin descansar al guerrero,
que furioso no encontraba su remanso.
Hoy que la curva de mis años comienza hacerse decreciente
y antes que el olvido se haga inminente,
he de recitarte estas letras persistentes,
para invitarte a escuchar conmigo la llovizna insistente,
que pretende rociarte impertinente,
por entre los páramos de tu lencería incandescente
he de contarte mi bella , más te echo de menos,
siendo las dos pasado meridiano
y caminando bajo el sol de mi Santiago,
he de preguntarte preciosa,
cómo haces para caminar a mi lado,
sin que tu cuerpo gracioso se mueva junto a mis pasos.
Hoy que mis ojos se divierten con genialidades de Nicanor,
otro Parra al igual que Violeta y el tío Lalo rasgando su guitarrón,
el mismo que advierte,
si han de subir a la montaña rusa de sus poemas,
no responde, si echan sangre por boca y narices,
he de confesarte que bailas entre sus letras,
aunque la luz de tu sonrisa no roce mis fauces.
Hoy que esbozo sonrisas al viento,
aunque enajenado aparezca en mi tránsito,
he de avisarte que abras las ventanas de par en par,
para que sientas la brisa que ha de acariciar tu alma
y estremezcas con mis seductores toques,
que han de llegar desde el sur de tu norte,
donde las olas al borde de tu morada
susurren cada uno de mis versos entornados.
Hoy que vertiginosa corre la vertiente,
desde la cúspide a mis labios,
para desgarrar las sábanas que algún día apreté desolado,
he de mostrarte el manifiesto,
con el sumo excitante diseminado,
que sobre el tálamo celoso había guardado,
para hacerlo estallar hermoso en tu vientre
haciendo por fin descansar al guerrero,
que furioso no encontraba su remanso.
Hoy que la curva de mis años comienza hacerse decreciente
y antes que el olvido se haga inminente,
he de recitarte estas letras persistentes,
para invitarte a escuchar conmigo la llovizna insistente,
que pretende rociarte impertinente,
por entre los páramos de tu lencería incandescente
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