Antes que se vaya la noche
Un sitio sin culpa ofrece esta noche
y tú eres la noche palpitante
y todo lo oscuro en la tesitura
de un lirio que
sabe esperar al verbo que conjuga
la codicia de la boca
con las azules favilas del ayer.
Son las nueve y no queda más cielo
que tus ojos
y el viento como sangre
y el deseo terrible de buscarte entre mis manos
y florecerte hermosa
en cada renglón de mi carne.
Son las nueve de la noche y desciende
como una mariposa el vértigo de tus manos
en mi cuello.
Es la forma de surcar los violines
y la serena beatitud del silencio
que mira desmigarse el coto del cielo, que perfuma
el sitio de los pájaros para toparnos la mirada
y obedecer al torrentoso deseo.
Siempre son las nueve
y aquí te espero tan solo
para oír el ruido de los escorpiones
y sentir la verdad de tu ombligo moreno
sacudiendo el sol bajo la piedra.
La esterilla de noviembre embelesa
la química de los sueños
donde hay túneles y pestañas que vigilan.
En mí toca fondo la raíz y el sabor de tus venas
por eso me gusta el cielo pero elijo el color de tus pestañas
para dormir;
entonces inhalo la gloria del silencio
antes que se vaya la noche
y me bebo la sed de tu lengua
y los pasadizos de tu cuerpo entero.
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Noviembre, 2024
Un sitio sin culpa ofrece esta noche
y tú eres la noche palpitante
y todo lo oscuro en la tesitura
de un lirio que
sabe esperar al verbo que conjuga
la codicia de la boca
con las azules favilas del ayer.
Son las nueve y no queda más cielo
que tus ojos
y el viento como sangre
y el deseo terrible de buscarte entre mis manos
y florecerte hermosa
en cada renglón de mi carne.
Son las nueve de la noche y desciende
como una mariposa el vértigo de tus manos
en mi cuello.
Es la forma de surcar los violines
y la serena beatitud del silencio
que mira desmigarse el coto del cielo, que perfuma
el sitio de los pájaros para toparnos la mirada
y obedecer al torrentoso deseo.
Siempre son las nueve
y aquí te espero tan solo
para oír el ruido de los escorpiones
y sentir la verdad de tu ombligo moreno
sacudiendo el sol bajo la piedra.
La esterilla de noviembre embelesa
la química de los sueños
donde hay túneles y pestañas que vigilan.
En mí toca fondo la raíz y el sabor de tus venas
por eso me gusta el cielo pero elijo el color de tus pestañas
para dormir;
entonces inhalo la gloria del silencio
antes que se vaya la noche
y me bebo la sed de tu lengua
y los pasadizos de tu cuerpo entero.
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Noviembre, 2024