Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
ANTES
Antes de que llegues
y repiques en mi puerta,
de que el huracán del sueño disperse
la nostalgia
destrozándola, abatiéndola.
Antes de que seas sólo un chiste
o una norma
o una estaca recalcando mis dominios,
mis modos lacustres con que suelo ser
garfio y no cuchillo.
Antes de que prepares y destroces
lo que guardo en mi bolsillo,
un fardo de besos menesterosos;
lo que vivo desde que tengo nombre
y no se atreve a inculpar las incoherencias.
Antes de que alumbres un hijo
con ilusión de mundo pacífico;
de que seas la plástica excusa
para elaborar un arte
y erigir un atrio de difuntas doncellas
que plácidamente duermen sobre fríos
mármoles y tules.
Antes de que sea plomo y ciruela
y suenes la puerta, el timbre,
con tu rabia cansina y elocuente;
y se me acaben las certezas
y los bárbaros hábitos
y los ronquidos de feria
detén tu paso y llámame,
detente y nómbrame
tu esquivo perseguidor,
tu sino envuelto en argamasa,
tu voraz deseo insaciable.
Antes de que llegues
y repiques en mi puerta,
de que el huracán del sueño disperse
la nostalgia
destrozándola, abatiéndola.
Antes de que seas sólo un chiste
o una norma
o una estaca recalcando mis dominios,
mis modos lacustres con que suelo ser
garfio y no cuchillo.
Antes de que prepares y destroces
lo que guardo en mi bolsillo,
un fardo de besos menesterosos;
lo que vivo desde que tengo nombre
y no se atreve a inculpar las incoherencias.
Antes de que alumbres un hijo
con ilusión de mundo pacífico;
de que seas la plástica excusa
para elaborar un arte
y erigir un atrio de difuntas doncellas
que plácidamente duermen sobre fríos
mármoles y tules.
Antes de que sea plomo y ciruela
y suenes la puerta, el timbre,
con tu rabia cansina y elocuente;
y se me acaben las certezas
y los bárbaros hábitos
y los ronquidos de feria
detén tu paso y llámame,
detente y nómbrame
tu esquivo perseguidor,
tu sino envuelto en argamasa,
tu voraz deseo insaciable.
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