En la antípoda del lomo del libro, su regalo, observó unos trazos de lápiz irregulares, de color rosa pálido, que le trajeron a la memoria sus palabras: “Viste mis apuntes, son un caos, mi caligrafía es ininteligible. A veces, cuando me solicitan apuntes, como diversión, sin advertir, los entrego libremente, imaginando la sorpresa del distraído al comprobar semejante despropósito ¡Ah!, ¡No entendés! (Usaba esta última expresión regularmente, no queriendo denotar la falta de entendimiento del interlocutor, sino la imprescindible presencia para captar el sentido completo del cuadro, algo así como -¡no sabes lo que fue!, etc.-). Por eso, papi, no te dedique la solapa.”
Ahora, en esos trazos imperceptibles para el resto, del color de sus labios, creía ver un mensaje oculto por parte de ella, una firma sutil, como si hubiese querido decir "¿A ver si esta atento?, ¿A ver si es lo suficientemente perspicaz? "; de modo que en última instancia, creía ver alguna clase de cifrado esperanzador.
Ahora, en esos trazos imperceptibles para el resto, del color de sus labios, creía ver un mensaje oculto por parte de ella, una firma sutil, como si hubiese querido decir "¿A ver si esta atento?, ¿A ver si es lo suficientemente perspicaz? "; de modo que en última instancia, creía ver alguna clase de cifrado esperanzador.
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