Antología de fragmentos hirientes

Osiriuss

Poeta recién llegado
Un día solo te levantas
conectas toda la evidencia
y de repente todo tiene sentido
como si frente a mis ojos siempre hubiera estado escrito.

Cada uno de sus cabellos de fuego me quemó
¡Cada uno!
sentí como ardía y colapsaba todo en ruinas
ahogando así el sentido de toda rima.

Voraz fue silenciándose un par de meses
que fueron para mí ausencia de aire
y que, aunque unos días volvió,
se ha vuelto a ir porque marcharse es su arte.

Quedando solo, como al principio
solo me restará estar aquí a la distancia.
siguiendo la ruta de este camino
que no sé dónde exactamente me lleve.

Me acordaré de su voz cada que vea el volcán
o sea, siempre,
imaginando que la vida ya no está
se ha esfumado, ya no está.

Y si lee esto en su mundo de burbujas
que sepa que nunca perdí el rastro
que en su cara la constelación dibuja
como senda dócil de mi amparo.

Brindaré así mientras ella exhala el humo de mi rendición
que entregaré hoy al atardecer
como grito en una canción
convirtiéndose en remedio al anochecer.

Este capítulo así concluirá
dejando mil cabos por atar
pero asoma la absurdidad
y no quiero repetirme ya.

Para que salga el sol nuevamente
primero se tiene que ocultar
así que me sentaré tranquilamente
a ver cómo me hago trapo sin más,
sosteniendo en una mano
ese compendio de cosas que nunca le dije
y en la otra el temor
que siempre me frenó en su afán de hundirme.

Nunca nadie sabrá
con los demonios que tuve que lucha
para escribir cada palabra aquí vertida,
los vencí uno a uno mientras lo hacía.

Gracias por el fuego de tus cabellos
que, aunque ardí, me sentí vivo.
Gracias por eso inesperados destellos
en este mar de existencia clandestino.

El tiempo se nos agota y apenas es abril,
lloverán mañana promesas sobre tu jardín
y, aunque nunca me dijiste lo que te hacia llorar tanto,
serás el cometa que vea en la madrugada mientras me levanto.

K7zFkWJ
 
Y luego, descubrirás que ella es un hombre.
Porque es inevitable.
Dado que tú eres mujer.
Y no querrías admitirlo, ni aunque te obligaran a caminar por el desierto, descalzo.


¿ Dónde está el truco ?




En que el hombre no puede parir a los hijos. Es impotente, de cara al alumbramiento.
La potencia, en ese caso, la pone la madre.
Y ella lleva las riendas del hogar.
 
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