Hortencia
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ramas ínfimas, tupidas
inclinando tus hojas oblicuas.
Desde tu altura de tala,
el toldo canta sintonías y
un guiño cómplice de luz
entra en mis ojos.
No prolongues la tarde, mi tala,
que cante tu sombra de silencios.
Mirando, mis sentidos se alertan
escuchando el suave zumbido
del compás en tu dulce movimiento.
Me conecto a tus arterias.
Ríos de savia forman, en círculos,
un altar de encuentros.
Tus raíces, tronco, hoja y linfa
anuncian en el goteo
el aroma de tu presencia,
perfumas todos, todos mis sentidos.
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