elseneka
Poeta fiel al portal
El viento oscuro de la noche, pasa
tiñendo el aire de monotonía.
Todo es igual que ayer:
Cuerpos y almas en grises amasijos,
soledades y sueños de borrachos,
impúdicas, veladas desnudeces
de espíritus cautivos de un anhelo.
Prisas quietas, inmóviles, nerviosas,
de quienes nada esperan del mañana.
Es una noche más, deshilvanada,
sin tiempo de futuro... Y de repente
algo ilumina el espesor del aire
y traspasa en aromas de magnolias
el denso ambiente de cerveza y whisky.
Algo como una roja llamarada
portadora de vida y de ilusiones.
Miro a mi alrededor, desconcertado,
y descubro el origen del milagro:
dos ojos, dos estrellas encendidas,
ascuas vivas nimbadas de oro líquido.
Dos luceros anclados a una aurora,
fijos al firmamento rutilante
de un rostro que da nombre a la belleza.
Unos ojos que, sólo porque existen,
bordan de claro resplandor la noche.
Pero es mayor la gloria del prodigio
porque esos ojos, además, me miran.
Y el milagro se me convierte en sueño,
la diosa disfrazada de mujer
que adorna el mundo con su gentil presencia,
me regala, en gesto generoso,
la gracia de su voz y sus palabras,
ofreciendo un tapiz de maravillas
tejido en hilos de notas de piano.
Copyright José Luis Bermejo (El Seneka)
elseneka@hotmail.com
tiñendo el aire de monotonía.
Todo es igual que ayer:
Cuerpos y almas en grises amasijos,
soledades y sueños de borrachos,
impúdicas, veladas desnudeces
de espíritus cautivos de un anhelo.
Prisas quietas, inmóviles, nerviosas,
de quienes nada esperan del mañana.
Es una noche más, deshilvanada,
sin tiempo de futuro... Y de repente
algo ilumina el espesor del aire
y traspasa en aromas de magnolias
el denso ambiente de cerveza y whisky.
Algo como una roja llamarada
portadora de vida y de ilusiones.
Miro a mi alrededor, desconcertado,
y descubro el origen del milagro:
dos ojos, dos estrellas encendidas,
ascuas vivas nimbadas de oro líquido.
Dos luceros anclados a una aurora,
fijos al firmamento rutilante
de un rostro que da nombre a la belleza.
Unos ojos que, sólo porque existen,
bordan de claro resplandor la noche.
Pero es mayor la gloria del prodigio
porque esos ojos, además, me miran.
Y el milagro se me convierte en sueño,
la diosa disfrazada de mujer
que adorna el mundo con su gentil presencia,
me regala, en gesto generoso,
la gracia de su voz y sus palabras,
ofreciendo un tapiz de maravillas
tejido en hilos de notas de piano.
Copyright José Luis Bermejo (El Seneka)
elseneka@hotmail.com