José Atilano
Poeta recién llegado
Eran vagos los pensamientos en mi vida, solo quería encontrar lo que había perdido. Y pensar en ello no me hace ningún bien.
En este lugar donde encuentro ahora, en un espacio pequeño, en un lugar cualquiera. Solo me bastó con levantar mi cabeza y la mirada un poco a la izquierda.
Aunque en mi imaginación esperaba algo más emocionante, aunque en mi cabeza quise encontrar aquello que alguna vez fue diferente. Como aquello de lo que alguna vez me enamoré. Ahora todo era simple.
Antes, un dulce olor que me hizo sentir tranquilo, uno que calmo mis nervios, ahora, una simple presencia, nada especial que resaltara su entrada. Algo bastante normal, piel morena, de cuerpo delgado, cabello negro y teñido hacia las puntas en ondulantes rizos poco llamativos. Callada mas no tímida. Solo una cosa la hizo cautivarme, creo que es realmente hermosa, solo eso y aun solo con eso, suficiente para amedrentarme una vez más.
Pero no es mi clase de amor, solo me siento gustoso de admirarla. Un sentimiento blandengue y superficial, una rica manera de satisfacer mi gusto visual. De la manera en que podría admirarla por siempre en una pintura, sin ir más allá. No me encuentro en la necesidad que eso cambie.
Aunque, si pudiera voltear a mirarla una vez más sobre mi hombro izquierdo, si me atreviera a hacerlo de nuevo, una por cada una de las veces que te toque con la mirada, más apegado quedaría a ti, a tu imagen, a un solo retrato de ti. A la corta distancia de tocarte, de sentir lo bien que se ve tu piel, de saber cual es tu fragancia natural. A un corto instante de hacerlo y a una posibilidad sentimental de que me permitas hacerlo. La distancia vuelve a tornarse tan lejana a cuando no sabía nada de ti.
En este lugar donde encuentro ahora, en un espacio pequeño, en un lugar cualquiera. Solo me bastó con levantar mi cabeza y la mirada un poco a la izquierda.
Aunque en mi imaginación esperaba algo más emocionante, aunque en mi cabeza quise encontrar aquello que alguna vez fue diferente. Como aquello de lo que alguna vez me enamoré. Ahora todo era simple.
Antes, un dulce olor que me hizo sentir tranquilo, uno que calmo mis nervios, ahora, una simple presencia, nada especial que resaltara su entrada. Algo bastante normal, piel morena, de cuerpo delgado, cabello negro y teñido hacia las puntas en ondulantes rizos poco llamativos. Callada mas no tímida. Solo una cosa la hizo cautivarme, creo que es realmente hermosa, solo eso y aun solo con eso, suficiente para amedrentarme una vez más.
Pero no es mi clase de amor, solo me siento gustoso de admirarla. Un sentimiento blandengue y superficial, una rica manera de satisfacer mi gusto visual. De la manera en que podría admirarla por siempre en una pintura, sin ir más allá. No me encuentro en la necesidad que eso cambie.
Aunque, si pudiera voltear a mirarla una vez más sobre mi hombro izquierdo, si me atreviera a hacerlo de nuevo, una por cada una de las veces que te toque con la mirada, más apegado quedaría a ti, a tu imagen, a un solo retrato de ti. A la corta distancia de tocarte, de sentir lo bien que se ve tu piel, de saber cual es tu fragancia natural. A un corto instante de hacerlo y a una posibilidad sentimental de que me permitas hacerlo. La distancia vuelve a tornarse tan lejana a cuando no sabía nada de ti.