DESIERTO
Poeta recién llegado
Apenas ayer, me asome a la caja gris y azul,
esa que guarda patentes recuerdos y promesas,
donde el tiempo no tenía importancia,
porque solo se vivía en el ahora.
Mire y vi desde la ventana, el paisaje que supuse para siempre,
el que veríamos cada día, que aparece ahora tan extraño.
Baje las escaleras y en la calle,
los pasos ya no quieren llevarme a ningún lado.
Las esquinas no prometen que a la vuelta esperan las promesas,
el bajo cielo anaranjado por las luces,
no augura aquellas noches sin final,
este sitio no es nada de mí, estas calles a nadie dejan encontrar,
estas manos ya no salen del abrigo,
y el cigarro forma parte de mi respiración.
El frio viste el alma nuevamente,
y los pies siguen descalzos entre piedras.
Desde un bar escucho la canción, aquella que algún día,
fuera el centro vital de los campos de algodón de azúcar,
y a través de las horas se repite,
marcando en su compás esas quimeras.
Noche y día se repite en mi cabeza.
Noche y día, y se levanta el hombre al día que sigue.
Noche y día, sin finales a la vista, sin retorno posible,
sin hogar, y en blanco y negro las ideas
sin presencia ni en sí mismo.
Sin razones pero respirando,
desnudo en el aire helado del olvido,
ajeno a la vista de quien ahora,
padece la ceguera con que la indiferencia nubla los ojos.
Noche y día sin la urgencia del amor, sin reclamos ni de sí,
solo polvo y sombras,
solo mar adentro,
resaca y miradas furtivas al horizonte,
desde la costa del país del miedo,
que de todos modos nunca será posible abandonar.
La espera será lo mismo, con la calma y el tormento.
(Las mareas, siempre se lo llevaran todo...Menos a mí.)
esa que guarda patentes recuerdos y promesas,
donde el tiempo no tenía importancia,
porque solo se vivía en el ahora.
Mire y vi desde la ventana, el paisaje que supuse para siempre,
el que veríamos cada día, que aparece ahora tan extraño.
Baje las escaleras y en la calle,
los pasos ya no quieren llevarme a ningún lado.
Las esquinas no prometen que a la vuelta esperan las promesas,
el bajo cielo anaranjado por las luces,
no augura aquellas noches sin final,
este sitio no es nada de mí, estas calles a nadie dejan encontrar,
estas manos ya no salen del abrigo,
y el cigarro forma parte de mi respiración.
El frio viste el alma nuevamente,
y los pies siguen descalzos entre piedras.
Desde un bar escucho la canción, aquella que algún día,
fuera el centro vital de los campos de algodón de azúcar,
y a través de las horas se repite,
marcando en su compás esas quimeras.
Noche y día se repite en mi cabeza.
Noche y día, y se levanta el hombre al día que sigue.
Noche y día, sin finales a la vista, sin retorno posible,
sin hogar, y en blanco y negro las ideas
sin presencia ni en sí mismo.
Sin razones pero respirando,
desnudo en el aire helado del olvido,
ajeno a la vista de quien ahora,
padece la ceguera con que la indiferencia nubla los ojos.
Noche y día sin la urgencia del amor, sin reclamos ni de sí,
solo polvo y sombras,
solo mar adentro,
resaca y miradas furtivas al horizonte,
desde la costa del país del miedo,
que de todos modos nunca será posible abandonar.
La espera será lo mismo, con la calma y el tormento.
(Las mareas, siempre se lo llevaran todo...Menos a mí.)