Sira
Poeta fiel al portal
Apología de una melodía
Esas notas melancólicas,
vibrantes.
Ese piano que denota
tus deseos,
tus pensamientos
más inquietantes,
tus ilusiones hilarantes,
tu anhelo inquebrantable
e imperecedero...
no creo merecerlo.
Me aflige sin medida
tu esperanza tímida
y tu caballeroso
galanteo porque,
después de todo,
soy incapaz
de corresponderlo
como debería.
Tus ávidos desvelos
son inútiles conmigo;
tan desiertos
como un páramo
baldío porque,
en mi corazón,
ya no queda espacio
para terceros.
Ya no me restan fuerzas,
ni ambiciones,
ni expectativas.
En este invierno
de proyectos y de afectos,
me conformo con el peso
de mi propia vida.
Las siento escurrirse,
día tras día,
por entre mis dedos...
las arenas movedizas
del implacable tiempo,
así como las lecciones
por él impartidas.
Esas notas melancólicas,
vibrantes.
Ese piano que denota
tus deseos,
tus pensamientos
más inquietantes,
tus ilusiones hilarantes,
tu anhelo inquebrantable
e imperecedero...
no creo merecerlo.
Me aflige sin medida
tu esperanza tímida
y tu caballeroso
galanteo porque,
después de todo,
soy incapaz
de corresponderlo
como debería.
Tus ávidos desvelos
son inútiles conmigo;
tan desiertos
como un páramo
baldío porque,
en mi corazón,
ya no queda espacio
para terceros.
Ya no me restan fuerzas,
ni ambiciones,
ni expectativas.
En este invierno
de proyectos y de afectos,
me conformo con el peso
de mi propia vida.
Las siento escurrirse,
día tras día,
por entre mis dedos...
las arenas movedizas
del implacable tiempo,
así como las lecciones
por él impartidas.
Última edición: