Rubén Sada
Poeta asiduo al portal
APÓSTROFE AL DICTADOR
(Con el estilo del “Apóstrofe” de Almafuerte)
Demencial abominable que conduces a un país,
arrancando su raíz con el látigo en tu mano,
inclinando su cerviz con zarpazos infrahumanos,
azuzando a los de barro
Rey inicuo que presume de importante, comandante,
usurpando el sillón presidencial. ¡Ilegal!
Con bestial autoridad manipulas a la prensa,
que convenza a los demás y te rindan el honor.
¡Represor!
Tus acuerdos en secreto con la gente que te apoya
son tramoyas que cocinas en tus ollas que alimentan
¡corrupción!
de mil crímenes horrendos de lesa humanidad.
Depredando las riquezas de un presente hipotecado,
un fascista comunista diplomado
¡de maldad!
Tu control centralizado aceleró la destrucción de la nación
y te arrogas el derecho de ser Dios.
¡Malhechor!
Supresor de los derechos de esencial humanidad,
que hipoteca al no nacido, que vencido nacerá,
pues la gran bomba letal que le aferras entre manos
¡va a explotar!
con la marca de las bestias inhumanas,
mientras matas opiniones que en tu oposición están.
¡Para ti abominación!
Para ti repudio eterno,
furia eterna, juicio eterno,
y el castigo del averno...
¡Dictador!
*** Un "apóstrofe" es una figura literaria de diálogo que consiste en dirigirse, durante un discurso o narración, generalmente con emoción o vehemencia, a un interlocutor que puede estar presente, fallecido o ausente, a objetos inanimados personificados o incluso al propio autor u orador. Generalmente se utiliza el vocativo o el imperativo. El empleo de este recurso es muy común en las plegarias u oraciones, en los soliloquios y en las invocaciones. El poeta argentino Pedro B. Palacios (Almafuerte) escribió hace un siglo dos apóstrofes célebres que siguen teniendo mucha vigencia. No se debe confundir con el signo "apóstrofo" (').
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