He llegado despacio,
alcanzando sin prisa,
el aire perfumado de las calles,
hipotecando el tiempo,
poniendo entre corchetes
a los árboles.
¡Esperadme!, les digo
y grito al mundo en voz de lumbre,
pues hoy,
yo soy de ella,
del espacio profundo de su boca,
de sus piernas,
de sus manos perdidas
que en mi pelo se encuentran.
He subido a su cuerpo,
saltando dimensiones y vacíos,
llegando en multitud
de dos por uno a su planeta,
y allí,
sujetando universos,
me he quedado,
inmortal miniatura entre su pechos,
rompiendo de placer los desafíos.
Se ha parado el verano,
y en salvaje vientre de fuego
consumido de arroyo por Orfeo,
mi diosa se ha quedado,
muerta,
en la vida perfecta de los sueños
que se visten de largo.
alcanzando sin prisa,
el aire perfumado de las calles,
hipotecando el tiempo,
poniendo entre corchetes
a los árboles.
¡Esperadme!, les digo
y grito al mundo en voz de lumbre,
pues hoy,
yo soy de ella,
del espacio profundo de su boca,
de sus piernas,
de sus manos perdidas
que en mi pelo se encuentran.
He subido a su cuerpo,
saltando dimensiones y vacíos,
llegando en multitud
de dos por uno a su planeta,
y allí,
sujetando universos,
me he quedado,
inmortal miniatura entre su pechos,
rompiendo de placer los desafíos.
Se ha parado el verano,
y en salvaje vientre de fuego
consumido de arroyo por Orfeo,
mi diosa se ha quedado,
muerta,
en la vida perfecta de los sueños
que se visten de largo.