miguegarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hola, amigos mundopoetosos.
Estas fechas son altamente significativas para la cultura de mi país, me permito compartir este trabajo, con una pequeña licencia en una rima.
Un abrazo solidario por la tragedia que están viviendo mis hermanos españoles.
Apuesta
I
Calavera del asombro,
y marchito tulipán,
díganme ¿en dónde están
las almas de los que nombro?
¿Van de su lecho mortuorio,
a las llamas del averno
a sufrir castigo eterno
en funesto territorio?
¿Van al cielo, al purgatorio,
donde en enorme cuaderno
lleva el divino gobierno
registro de lo expiatorio?
Los ausentes, cuyos restos
se hacinan en el panteón,
¿memoria de quiénes son
sus despojos descompuestos?
Las lápidas, derruidas,
los caminos, polvorientos,
los árboles, somnolientos,
y las flores desvaídas.
Los sepulcros, olvidados,
sin ofrendas ni dolientes,
los cráneos están sin dientes,
y los hierros oxidados.
II
El cuerpo que nos mantiene,
el beso que nos concita,
esta voz que nos habita
y el sueño que nos sostiene.
¿Se perderán en la nada
como todo lo creado?
¿Serán polvo enamorado
que por los siglos se irradia?
Nadie tiene la respuesta,
ni los ríos con su curso,
las aves con su discurso
o el amor con su propuesta.
El tiempo sólo nos presta
un hálito, un parpadeo,
que en el vuelo del deseo
la vida vuelve una apuesta.
Miguel Garza de la Huerta
Noviembre 2024
Estas fechas son altamente significativas para la cultura de mi país, me permito compartir este trabajo, con una pequeña licencia en una rima.
Un abrazo solidario por la tragedia que están viviendo mis hermanos españoles.
Apuesta
I
Calavera del asombro,
y marchito tulipán,
díganme ¿en dónde están
las almas de los que nombro?
¿Van de su lecho mortuorio,
a las llamas del averno
a sufrir castigo eterno
en funesto territorio?
¿Van al cielo, al purgatorio,
donde en enorme cuaderno
lleva el divino gobierno
registro de lo expiatorio?
Los ausentes, cuyos restos
se hacinan en el panteón,
¿memoria de quiénes son
sus despojos descompuestos?
Las lápidas, derruidas,
los caminos, polvorientos,
los árboles, somnolientos,
y las flores desvaídas.
Los sepulcros, olvidados,
sin ofrendas ni dolientes,
los cráneos están sin dientes,
y los hierros oxidados.
II
El cuerpo que nos mantiene,
el beso que nos concita,
esta voz que nos habita
y el sueño que nos sostiene.
¿Se perderán en la nada
como todo lo creado?
¿Serán polvo enamorado
que por los siglos se irradia?
Nadie tiene la respuesta,
ni los ríos con su curso,
las aves con su discurso
o el amor con su propuesta.
El tiempo sólo nos presta
un hálito, un parpadeo,
que en el vuelo del deseo
la vida vuelve una apuesta.
Miguel Garza de la Huerta
Noviembre 2024
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