Calidoscópio
Poeta recién llegado
Aquel beso de despedida pesa lo mismo que esta lágrima nostálgica,
columpiándose en la enmudecida quietud nocturna.
Enganchada a tu boca y a tus ojos permaneció, callada,
la indicha verdad sobre nuestras tantas inexactitudes,
tomando una apariencia curvada en sus menos accesibles comisuras.
Abrió sus alas al sol cuando sus ojos conocieron el acorde diurno,
ya sin órganones, próximo a la huida, por los cielos de brusca tormenta.
Compórtate semejante a las piedras sobre el intempestuoso tiempo frugal,
si se cae donde haze descolorado tu certidumbre una ligera verdad
hazla teñir un suspiro en la medida de una intuición veraz.
Deshiciste una línea en la arena, beligerancia, absoluta beligerancia,
cuando vuelves en una semejanza a tu anterior noche,
puedes darme aquello que niega el desvanecido correr del tiempo.
Si se hunde tu seguridad al hallarme más confiado que de costumbre,
soy efímero, alguna vez aprendí el sumo saber providencial
mientras el mundo aprendía los perfumes juveniles de las tardes veraniegas.
Cuando se hace más grande que el orgullo el loco deseo por hallar
al instante la energía vital, las puertas derivan en otras puertas, el descorrer
del ansia atrapa cualidades inánimes, en tus manos y en tus
pasos algo desiste, vuelta la melancolía un universo conocido por la espera.
columpiándose en la enmudecida quietud nocturna.
Enganchada a tu boca y a tus ojos permaneció, callada,
la indicha verdad sobre nuestras tantas inexactitudes,
tomando una apariencia curvada en sus menos accesibles comisuras.
Abrió sus alas al sol cuando sus ojos conocieron el acorde diurno,
ya sin órganones, próximo a la huida, por los cielos de brusca tormenta.
Compórtate semejante a las piedras sobre el intempestuoso tiempo frugal,
si se cae donde haze descolorado tu certidumbre una ligera verdad
hazla teñir un suspiro en la medida de una intuición veraz.
Deshiciste una línea en la arena, beligerancia, absoluta beligerancia,
cuando vuelves en una semejanza a tu anterior noche,
puedes darme aquello que niega el desvanecido correr del tiempo.
Si se hunde tu seguridad al hallarme más confiado que de costumbre,
soy efímero, alguna vez aprendí el sumo saber providencial
mientras el mundo aprendía los perfumes juveniles de las tardes veraniegas.
Cuando se hace más grande que el orgullo el loco deseo por hallar
al instante la energía vital, las puertas derivan en otras puertas, el descorrer
del ansia atrapa cualidades inánimes, en tus manos y en tus
pasos algo desiste, vuelta la melancolía un universo conocido por la espera.