Cesar Cabello Araya
Poeta recién llegado
Nos hablamos en silencio con la mirada,
la luna fue cómplice de aquel encuentro,
tú bailabas, yo desde un rincón solo miraba,
pero algo extraño nos sacudió por dentro.
Quise romper el hielo acercando mis pasos,
tu silueta juvenil deseó mi llegada,
te dije hola con un fuerte abrazo,
mientras tu acariciabas mi espalda.
La noche murió al llegar la mañana,
nos fuimos caminando, destino tu casa,
cante con los pájaros mis deseos al alba,
tu soñabas, y mil versos de amor recitaba.
Vino la despedida en aquel portal,
un beso deseabas, yo deseaba más,
con las miradas parecíamos hablar,
nos besamos, fue el comienzo del final.
Un café para el sueño preguntaste,
un café en tu compañía seria ideal,
entramos abrasados como dos amantes,
se detuvo el tiempo, no queríamos hablar.
Cada beso, cada abraso era el ultimo,
creíamos perder la razón sin mirar,
tus labios murmuraban te necesito,
mis manos en tu cuerpo parecían volar.
Se perdió tu lengua alocada en mi boca,
mi mano se perdió por debajo de tu falda,
desabroche cada botón de tu ropa,
te quería desnuda, desnuda al alba.
Las ropas estorbaban las caricias, los besos,
desnudos de pie frente a frente nos quedamos,
te bese entera desde la piel hasta los huesos,
mientras guiabas mis besos con tus manos.
Sacie mi sed con tus suaves pechos ardientes,
entrelazabas tus dedos por mis cabellos,
mientras recorría el contorno de tu vientre,
con pasión, yo vivía de la vida lo más bello.
El sol no fue excusa para dejar el momento,
querías sentir todo, yo más me ilusionaba,
un suspiro de tu boca al sentirme adentro,
con tu pasión yo tontamente alucinaba.
El aire parecía faltar en nuestras bocas,
la pasión envolvió cada segundo vivido,
nos entregamos a este loco amor que sofoca,
que deja locos, nuestros pensamientos perdidos.
Lo sublime nos llevo a lo máximo del placer,
era día y aun veíamos estrellas en nuestro cielo,
el destino nos junto para juntos conocer,
el amor cuando se vive sin un consuelo.
Recite mis mejores poemas a tus oídos,
mis palabras calmas te hacían soñar,
desnude hasta mi alma al estar contigo,
supiste mis sueños, hasta mi forma de amar.
Se nos enfrió el café en aquella mañana,
se nos olvido las soledades que vivíamos,
se prendió en nuestros cuerpos la llama,
de lo que sentíamos que habíamos perdido.
Ese café quizás fue la excusa para amarnos,
entregarnos a un sueño por completo,
de saber que en la vida estamos de paso,
de saber que la soledad es un concepto.
la luna fue cómplice de aquel encuentro,
tú bailabas, yo desde un rincón solo miraba,
pero algo extraño nos sacudió por dentro.
Quise romper el hielo acercando mis pasos,
tu silueta juvenil deseó mi llegada,
te dije hola con un fuerte abrazo,
mientras tu acariciabas mi espalda.
La noche murió al llegar la mañana,
nos fuimos caminando, destino tu casa,
cante con los pájaros mis deseos al alba,
tu soñabas, y mil versos de amor recitaba.
Vino la despedida en aquel portal,
un beso deseabas, yo deseaba más,
con las miradas parecíamos hablar,
nos besamos, fue el comienzo del final.
Un café para el sueño preguntaste,
un café en tu compañía seria ideal,
entramos abrasados como dos amantes,
se detuvo el tiempo, no queríamos hablar.
Cada beso, cada abraso era el ultimo,
creíamos perder la razón sin mirar,
tus labios murmuraban te necesito,
mis manos en tu cuerpo parecían volar.
Se perdió tu lengua alocada en mi boca,
mi mano se perdió por debajo de tu falda,
desabroche cada botón de tu ropa,
te quería desnuda, desnuda al alba.
Las ropas estorbaban las caricias, los besos,
desnudos de pie frente a frente nos quedamos,
te bese entera desde la piel hasta los huesos,
mientras guiabas mis besos con tus manos.
Sacie mi sed con tus suaves pechos ardientes,
entrelazabas tus dedos por mis cabellos,
mientras recorría el contorno de tu vientre,
con pasión, yo vivía de la vida lo más bello.
El sol no fue excusa para dejar el momento,
querías sentir todo, yo más me ilusionaba,
un suspiro de tu boca al sentirme adentro,
con tu pasión yo tontamente alucinaba.
El aire parecía faltar en nuestras bocas,
la pasión envolvió cada segundo vivido,
nos entregamos a este loco amor que sofoca,
que deja locos, nuestros pensamientos perdidos.
Lo sublime nos llevo a lo máximo del placer,
era día y aun veíamos estrellas en nuestro cielo,
el destino nos junto para juntos conocer,
el amor cuando se vive sin un consuelo.
Recite mis mejores poemas a tus oídos,
mis palabras calmas te hacían soñar,
desnude hasta mi alma al estar contigo,
supiste mis sueños, hasta mi forma de amar.
Se nos enfrió el café en aquella mañana,
se nos olvido las soledades que vivíamos,
se prendió en nuestros cuerpos la llama,
de lo que sentíamos que habíamos perdido.
Ese café quizás fue la excusa para amarnos,
entregarnos a un sueño por completo,
de saber que en la vida estamos de paso,
de saber que la soledad es un concepto.
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