Miguel Ángel Vallejo
Poeta recién llegado
Aquel poema simple que te leí una noche,
que hablaba de septiembre y tu feliz cumpleaños,
yo lo guardo en mi alma por siempre atesorado;
tal vez tu lo conserves en un baúl de olvidos.
¿Recuerdas que en tu alcoba soltabas los regalos
que llegaban profusos celebrando por ti?
¿Y que yo humildemente un poema escribí
al borde de tu cama, feliz, enamorado?
Hoy recuerdo el poema y a la dulce sonrisa
que tú me obsequiaste cuando yo recitaba
los versos que el amor inocente dictaba,
vertidos en el soplo de una inefeble brisa.
Aquel poema fue de nuestro amor el sello.
Y la más alta cima de una pasión incierta.
El único recuerdo de la flor entreabierta:
un recuerdo marchito de aquel último encuentro.
que hablaba de septiembre y tu feliz cumpleaños,
yo lo guardo en mi alma por siempre atesorado;
tal vez tu lo conserves en un baúl de olvidos.
¿Recuerdas que en tu alcoba soltabas los regalos
que llegaban profusos celebrando por ti?
¿Y que yo humildemente un poema escribí
al borde de tu cama, feliz, enamorado?
Hoy recuerdo el poema y a la dulce sonrisa
que tú me obsequiaste cuando yo recitaba
los versos que el amor inocente dictaba,
vertidos en el soplo de una inefeble brisa.
Aquel poema fue de nuestro amor el sello.
Y la más alta cima de una pasión incierta.
El único recuerdo de la flor entreabierta:
un recuerdo marchito de aquel último encuentro.