Aquel sentir

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Navegando con cautela,
entregándole las esquelas a la muerte,

cartas de seres corrompidos,
fluyen a través del último camino,
del sendero de la inevitable perdición,

se sumergen las almas
en el remolino de muerte merecida,
de vida renacida,

se estiran los destinos,
como para liberar al caminante,

se cubren los débiles,
entre soles enfebrecidos,
junto a las sombras del fuerte,

se enorgullecen las raíces añejas,
por sobrevivir un día más,
en este mundo de piedra y de acero,

la sangre en el agua,
revela
una laguna escondida,

borbotea un corazón divino,
que nunca ha podido apaciguar su dolor,

nos guía
para que contemplemos sus palabras,

la sabiduría del cielo
nos dice que aquel dios fue desterrado,
por caer en el ardor de la avaricia,

momentos después
cayó la lluvia,

y aquel corazón
se disolvió como arena,

el tiempo reveló
que la necesidad es más fuerte
que cualquier amor,
que cualquier enojo,

quizás fue aquel dios
el que promulgo aquel sentir,

y hemos de caer como él,
hasta tocar fondo,

hasta descubrir
nuestros sueños más profundos,

somos viento,
y si nos apetece somos vida,

o lluvia de fuego.




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Navegando con cautela,
entregándole las esquelas a la muerte,

cartas de seres corrompidos,
fluyen a través del último camino,
del sendero de la inevitable perdición,

se sumergen las almas
en el remolino de muerte merecida,
de vida renacida,

se estiran los destinos,
como para liberar al caminante,

se cubren los débiles,
entre soles enfebrecidos,
junto a las sombras del fuerte,

se enorgullecen las raíces añejas,
por sobrevivir un día más,
en este mundo de piedra y de acero,

la sangre en el agua,
revela
una laguna escondida,

borbotea un corazón divino,
que nunca ha podido apaciguar su dolor,

nos guía
para que contemplemos sus palabras,

la sabiduría del cielo
nos dice que aquel dios fue desterrado,
por caer en el ardor de la avaricia,

momentos después
cayó la lluvia,

y aquel corazón
se disolvió como arena,

el tiempo reveló
que la necesidad es más fuerte
que cualquier amor,
que cualquier enojo,

quizás fue aquel dios
el que promulgo aquel sentir,

y hemos de caer como él,
hasta tocar fondo,

hasta descubrir
nuestros sueños más profundos,

somos viento,
y si nos apetece somos vida,

o lluvia de fuego.




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Somos lluvia y fuego.

Saludos
 

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