pumuki
Poeta asiduo al portal
Me mirabas con bravura
en tus brazos la ternura rezumaba
llegó el fin de tu amargura.
Entre sábanas de jacinto,
alhelíes y pensamientos
se batían nuestros cuerpos
entrelazados, los dos
en un orgasmo placentero.
Mundana, terrenal y pasional
fue aquella noche inmortal
en la que te hice sentir
invencible y jovial;
yo bebía de tu manantial,
yo te hice padecer
un placer inmensamente colosal.
Las pieles se pegaban
entre sudor y caricias
igual que nuestras bocas,
profanas delicias.
Tu aliento caliente
quemaba mi garganta;
cargado y cargante
salía el mío,
repicando en el aire.
El deseo estallaba en tus ojos
infame y fulano
pero intenso y sabroso;
sobrante de ternura,
sobrado de lujuria.
Recuerdo como la melodía
marcaba el pasod e las horas
como los felinos gemidos
salían de tu boca.
Tu cuerpo vibraba,
apresado en mis brazos,
alegre de placer tiritaba;
tus temblores me agitaban
te calmaba a golpe de batuta
haciéndote para en silencio
con el aullido de tu sexo.
La hermosa laguna
asomó por el bajero;
descansando estabas
después del baile nochero;
reposando en tranquilidad
a mi lado, y en la oscuridad
en tus brazos la ternura rezumaba
llegó el fin de tu amargura.
Entre sábanas de jacinto,
alhelíes y pensamientos
se batían nuestros cuerpos
entrelazados, los dos
en un orgasmo placentero.
Mundana, terrenal y pasional
fue aquella noche inmortal
en la que te hice sentir
invencible y jovial;
yo bebía de tu manantial,
yo te hice padecer
un placer inmensamente colosal.
Las pieles se pegaban
entre sudor y caricias
igual que nuestras bocas,
profanas delicias.
Tu aliento caliente
quemaba mi garganta;
cargado y cargante
salía el mío,
repicando en el aire.
El deseo estallaba en tus ojos
infame y fulano
pero intenso y sabroso;
sobrante de ternura,
sobrado de lujuria.
Recuerdo como la melodía
marcaba el pasod e las horas
como los felinos gemidos
salían de tu boca.
Tu cuerpo vibraba,
apresado en mis brazos,
alegre de placer tiritaba;
tus temblores me agitaban
te calmaba a golpe de batuta
haciéndote para en silencio
con el aullido de tu sexo.
La hermosa laguna
asomó por el bajero;
descansando estabas
después del baile nochero;
reposando en tranquilidad
a mi lado, y en la oscuridad