Rosario de Cuenca Esteban
Verso Suelto
Aquella tarde de Domingo que te esperaba para hablar de tantas cosa, desapareciste sin dejar huella y me quedé entre el viento y el anonimato...
Aquella tarde de verano que era de alegre calor y respiraban los montes y bailaban mariposas, desapareciste y me quedé muda entre las espinas de los cardos.
Desde aquella tarde, presurosa de encuentros destilados del deseo de amistad y encuentro, decidí alejarme, en la sombra del ocaso.
Pero esto no es una queja, ni siquiera un mal recuerdo... Solo es la amarilla puesta de Sol que la vida, en el tren de lo olvidado, guarda.
Es preferible esa armonía que supone no esperarte y si por casualidad nos encontramos, será en cualquier esquina de la Vida, nada programado.
Rosario de Cuenca Esteban