Byroniana
Poeta fiel al portal
Aquella tarde
Con un mísero poema,
yo quiero cantar tu dolor,
como canta un ruiseñor la amargura,
recitando un funeral de soledades,
agonía de tu alma
que es agonía de su alma.
Porque no hay pensamiento tuyo
que no sea su pensamiento,
ni sonrisa en tus labios
que no bañe los suyos.
No hay dos sombras diferentes,
ni sentimiento dividido.
Tronas el silencio
en los pasos de la vida,
dejando en hoja y hoja
la cruel instancia
de una pasión transfigurada,
testamento inconsciente
del amor que ella te causa.
Así moras en la montaña
como en tu alma,
paseas por los acantilados
que son la imagen de tu consciencia,
y sientes la intensidad de tus suspiros
con el mismo ardor con el que ella respira.
Te ves tan débil
de no poder soportar tanto amor,
y también ríes en el quicio de tu llanto,
y juegas a ser la fuerza y la paciencia.
Y a veces mueres al intentarlo.
Y caminas por tu orilla
esbozando un recuerdo.
Aquella tarde se rozaron miradas,
y el cielo eclipsó la luz.
Desde entonces, se que lloras
Con un mísero poema,
yo quiero cantar tu dolor,
como canta un ruiseñor la amargura,
recitando un funeral de soledades,
agonía de tu alma
que es agonía de su alma.
Porque no hay pensamiento tuyo
que no sea su pensamiento,
ni sonrisa en tus labios
que no bañe los suyos.
No hay dos sombras diferentes,
ni sentimiento dividido.
Tronas el silencio
en los pasos de la vida,
dejando en hoja y hoja
la cruel instancia
de una pasión transfigurada,
testamento inconsciente
del amor que ella te causa.
Así moras en la montaña
como en tu alma,
paseas por los acantilados
que son la imagen de tu consciencia,
y sientes la intensidad de tus suspiros
con el mismo ardor con el que ella respira.
Te ves tan débil
de no poder soportar tanto amor,
y también ríes en el quicio de tu llanto,
y juegas a ser la fuerza y la paciencia.
Y a veces mueres al intentarlo.
Y caminas por tu orilla
esbozando un recuerdo.
Aquella tarde se rozaron miradas,
y el cielo eclipsó la luz.
Desde entonces, se que lloras