RAUL CONTRERAS
Poeta recién llegado
Los recuerdos son como esas viejas canciones que al escucharlas
nos hacen sentir añoranzas del pasado. Será por eso que cuando
las canto, sucumbo ante la nostalgia y Teresa, mi mujer, dulcemente
me lo reprocha, diciéndome: siempre las mismas canciones.
Tal vez en sus reproches habiten dormidos recuerdos o, quizás,
se oculten las mismas añoranzas mías. Por eso callo, la escucho,
guardo silencio, medito sus palabras y me digo:
cómo explicarle que la memoria es el libro inédito
que nos regresa siempre a las páginas primeras
y que la vida, al recordar, nos otorga la oportunidad
de recrearnos en el pasado y así, vivir más de una vez.
Cómo explicarle cuando, invadido el corazón de nostalgias
o entristeciendo de melancolía, evocar una vieja canción
es rescatar del olvido, algún minuto de unas horas,
o algunos días de unos años que ya nunca volverán.
Que cantar es como volver a remontar las aguas del río
que alberga todos mis sueños. Que recordar, cuando somos
la rama de un árbol que se deshoja, es avivar la llama donde
se abriga el alma y que el otoño se afana en desnudar.
Que al cantar esas viejas canciones, como ella dice,
es sumergirme en las edades de la inocencia, es escuchar el palpitar
de un corazón que latió junto a mi pecho, o es sentir en las carnes,
casi insensibles por el invierno que me acecha, el calor tardío
de un fuego que se consume entre cenizas.
De verdad, no se lo puedo explicar.
Entonces, cómo explicarle que ella misma es pasado en mis canciones,
que es alba y atardecer, que es renovado verso en mi poema,
que es su cuerpo despertando, que es su nombre caminando
desde ayer, que soy yo, buscándola en mis sombras.
Sinceramente, no se lo puedo explicar.
nos hacen sentir añoranzas del pasado. Será por eso que cuando
las canto, sucumbo ante la nostalgia y Teresa, mi mujer, dulcemente
me lo reprocha, diciéndome: siempre las mismas canciones.
Tal vez en sus reproches habiten dormidos recuerdos o, quizás,
se oculten las mismas añoranzas mías. Por eso callo, la escucho,
guardo silencio, medito sus palabras y me digo:
cómo explicarle que la memoria es el libro inédito
que nos regresa siempre a las páginas primeras
y que la vida, al recordar, nos otorga la oportunidad
de recrearnos en el pasado y así, vivir más de una vez.
Cómo explicarle cuando, invadido el corazón de nostalgias
o entristeciendo de melancolía, evocar una vieja canción
es rescatar del olvido, algún minuto de unas horas,
o algunos días de unos años que ya nunca volverán.
Que cantar es como volver a remontar las aguas del río
que alberga todos mis sueños. Que recordar, cuando somos
la rama de un árbol que se deshoja, es avivar la llama donde
se abriga el alma y que el otoño se afana en desnudar.
Que al cantar esas viejas canciones, como ella dice,
es sumergirme en las edades de la inocencia, es escuchar el palpitar
de un corazón que latió junto a mi pecho, o es sentir en las carnes,
casi insensibles por el invierno que me acecha, el calor tardío
de un fuego que se consume entre cenizas.
De verdad, no se lo puedo explicar.
Entonces, cómo explicarle que ella misma es pasado en mis canciones,
que es alba y atardecer, que es renovado verso en mi poema,
que es su cuerpo despertando, que es su nombre caminando
desde ayer, que soy yo, buscándola en mis sombras.
Sinceramente, no se lo puedo explicar.