No sé que es lo que me hechiza
que me sume en la tormenta,
nube negra que alimenta
esta nostalgia enfermiza.
Empapada hasta los huesos
pues me llueve dentro y fuera,
así no encuentro manera
de que salgamos ilesos.
Yo tengo un poeta amigo
que sabe de encantamientos,
domina sus movimientos
y es su verso fiel testigo.
Su danza compararía
con el mítico Quetzal,
mas defiende cual chacal
su verdad en poesía.
Me regaló un arcoíris
para este mal que me abruma,
y un poema que es la suma
de mis sueños en el iris.
Un espectáculo hermoso:
mi amanecer de esperanza
lucha con la remembranza
en ese trance forzoso.
Así borro de mi cielo
esa sombra que el destino
puso sobre mi camino
oscureciendo mi anhelo.
Y si he de elegir color
escojo blanco inocencia,
y una pizca de demencia
rojo pasión en amor.
Mas, ¿quién soy, que en este instante
escribo desde mi ombligo?...
¡No hay arcoíris ni amigo
para el hermano emigrante!
Hay paloma con olivo
pero nadie lo comparte,
y en la tierra a donde parte
será de otro hombre cautivo.
De nuevo éxodo y muerte
depende en cada momento
del lugar de nacimiento
que te haya tocado en suerte.
Última edición: