F. Noctívago
Poeta recién llegado
No huyas tú, del fuego de mi boca,
tu piel tibia guía mi pasión;
arde, arde con la llama que invoca.
Tus labios son panal que sofoca,
cada roce causa vibración;
no huyas tú, del fuego de mi boca.
En tu tez mi deseo se enfoca,
desgrana mi alma en cada visión;
arde, arde con la llama que invoca.
Mi fuero, el desvelo lo desboca,
el aliento arde en tanta tensión;
no huyas tú, del fuego de mi boca.
En tus brazos mi razón se aloca,
se vierte entera en tu tentación;
arde, arde con la llama que invoca.
Si la noche en calma nos embroca,
mi marea será tu prisión;
no huyas tú, del fuego de mi boca,
arde, arde con la llama que invoca