susi underground
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me cantaba tangos del viejo Gardel
en una escalera ruidosa de mi Rastro madrileño.
Él y su guitarra eran la misma persona,
una silueta enredada en músicas
y escrituras de praderas y de gauchos
perdidos en un lamento.
Soñaba con su mar de plata
cuando una luz en la noche lo clareaba,
si una larga avenida evocaba su grandeza,
cuando el subsuelo del metro traía su profundidad.
Eran negros, muy negros sus ojos de ábano antiguo
rameados con la seda que llegó en un velero
desde la inquietante y milenaria China
porque quiso Marco Polo, el viajero errante.
Un día de frío noviembre regresó a su mate,
a sus orillas de metal de luna,
a sus calles henchidas de gloria,
a sus noches de malandros y de fugas.
Y yo en esta parte del mundo
recordando su ternura.
en una escalera ruidosa de mi Rastro madrileño.
Él y su guitarra eran la misma persona,
una silueta enredada en músicas
y escrituras de praderas y de gauchos
perdidos en un lamento.
Soñaba con su mar de plata
cuando una luz en la noche lo clareaba,
si una larga avenida evocaba su grandeza,
cuando el subsuelo del metro traía su profundidad.
Eran negros, muy negros sus ojos de ábano antiguo
rameados con la seda que llegó en un velero
desde la inquietante y milenaria China
porque quiso Marco Polo, el viajero errante.
Un día de frío noviembre regresó a su mate,
a sus orillas de metal de luna,
a sus calles henchidas de gloria,
a sus noches de malandros y de fugas.
Y yo en esta parte del mundo
recordando su ternura.