Y tal vez, por qué sientes esa llamada de los vientos libres…
de esos vientos frutales que recorren tu ciudad;
del azul de toda la fauna del subconsciente,
de esos árboles de los deseos,
de nuestros vicios que regresan en cohete…
de las puertas infinitas de esos teatros,
la llamada del corazón de la abuelita loba,
o de alguna frondosidad por aquellas islas vírgenes…
y por qué sientes la llamada de esas armonías que flotan entre nosotros,
que quieren abrazarnos con sus colores;
la llamada, de esos pajarillos cantores que se reunieron en nuestro pecho,
y de esos paseos de la resistencia,
y de esas las horas de esas calideces oscuras.