De nuevo en ti, la ventana cerrada.
El horizonte como escudo del pensamiento
no me deja ir más allá del silencio;
de vos, de mí, de los aromas perdidos
en el vértigo amurallado en que giro.
De nuevo en mí, ha caído la noche
en un abismo sin latitud ni longitud.
¿Vendrás, presurosa, a levantarme
o de la caída serás el trasfondo
donde yacen el olvido y la nostalgia?
Oh tic sin tac de sedentario eco,
¡El tiempo del reloj nos agosta salvaje!
Petricor de lágrimas, remanso de sombra,
¿Acaso las horas, efímeros destellos,
del amor lo inmenso empalidecer pueden?
Una ternura de tus ojos, una caricia de tus verbos, una mirada de tus silencios;
tan solo, tan solo, una palabra de tu tiempo
desatará todos los versos y el poema
bailará de nuevo en ti, de nuevo en mí.
El horizonte como escudo del pensamiento
no me deja ir más allá del silencio;
de vos, de mí, de los aromas perdidos
en el vértigo amurallado en que giro.
De nuevo en mí, ha caído la noche
en un abismo sin latitud ni longitud.
¿Vendrás, presurosa, a levantarme
o de la caída serás el trasfondo
donde yacen el olvido y la nostalgia?
Oh tic sin tac de sedentario eco,
¡El tiempo del reloj nos agosta salvaje!
Petricor de lágrimas, remanso de sombra,
¿Acaso las horas, efímeros destellos,
del amor lo inmenso empalidecer pueden?
Una ternura de tus ojos, una caricia de tus verbos, una mirada de tus silencios;
tan solo, tan solo, una palabra de tu tiempo
desatará todos los versos y el poema
bailará de nuevo en ti, de nuevo en mí.
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