Bender Carvajal
Poeta recién llegado
Y tiene que ser tu belleza
tan dolorosa y constante
y perder los estribos
galopando en este páramo
de sabanales y almohadas
porque así te parió el amor
la primera noche
que te hice mía,
y alfarero tallé tu sexo
sinfónico y simétrico
devorador de mieles,
encantador de furias.
Soy dueño de tu belleza
que recorro apasionado
con esta ilegalidad y descarrilamiento,
propietario de todo lo que beso,
latifundista de tus caderas
y amo de tus piernas
que litigué a Dios
en una noche de primavera.
Yo te hice como son tus pechos
con pincel de manos
y esculpí pezones
donde luna llena ardía
con claridad de estepa
y boreal te fui tejiendo,
y dibujé tu pelo
de oro, incienso y mirra,
para que en el telar de tu cuello
y el atril de tu espalda
una noche de verano
entre mi pecho se derritiera
y de azabache sudor
todo se confundiera.
Capitán de tus pies
con que me aprietas
dirijo tu barca
persiguiendo orgasmos
con arpón en mano,
y ahí titular de mareas interceptadas
me hago dueño además
de tu locura
por esta boca
que aún no deja de tallar
por debajo de tus campos.
tan dolorosa y constante
y perder los estribos
galopando en este páramo
de sabanales y almohadas
porque así te parió el amor
la primera noche
que te hice mía,
y alfarero tallé tu sexo
sinfónico y simétrico
devorador de mieles,
encantador de furias.
Soy dueño de tu belleza
que recorro apasionado
con esta ilegalidad y descarrilamiento,
propietario de todo lo que beso,
latifundista de tus caderas
y amo de tus piernas
que litigué a Dios
en una noche de primavera.
Yo te hice como son tus pechos
con pincel de manos
y esculpí pezones
donde luna llena ardía
con claridad de estepa
y boreal te fui tejiendo,
y dibujé tu pelo
de oro, incienso y mirra,
para que en el telar de tu cuello
y el atril de tu espalda
una noche de verano
entre mi pecho se derritiera
y de azabache sudor
todo se confundiera.
Capitán de tus pies
con que me aprietas
dirijo tu barca
persiguiendo orgasmos
con arpón en mano,
y ahí titular de mareas interceptadas
me hago dueño además
de tu locura
por esta boca
que aún no deja de tallar
por debajo de tus campos.