Y
Yaiza
Invitado
Aprisiona con destreza esa daga
apuntándola directo al corazón,
se valiente al instante de incrustarla
sin clemencia arranca este dolor.
Si al hacerlo, la herida se desangra
no te agobies ni sientas compasión,
la hidalguía a veces nos consagra
inyectando unas gotas de ilusión.
Reconforta la dolencia que me calla
y que eclipsa sin piedad a la razón,
la tristeza levanta una muralla
que me envuelve con su caparazón.
Ven arranca el dolor que me acobarda
y me deja en el pecho su raíz,
que no ves, hoy mi alma luce parda,
enclaustrada se ha quedado sin matiz.
Última edición por un moderador: