Cecilia Leiva Arangua
Poeta adicto al portal
ASCENDER A LAS CUMBRES
Ascender a las cumbres se ha vuelto un desafío,
uno tras otro, van cayendo en el camino,
las manos heridas, con las piedras filosas,
insistes en seguir subiendo,
tus manos como garras,
aferradas a cada roca
y miras hacía abajo, sólo ves quebradas,
lo único que te sostiene a ellas,son tus manos como garras
aferradas,
cada roca que se desprende, es un sueño que va cayendo
y sigues insistiendo en no detener la marcha,
el camino se ha vuelto hostil, mas insistes en seguir,
como una luchadora obstinada por alcanzar las cumbres
empinadas.
Te detienes por un instante en la nada, tus manos
a las rocas aferradas,
nada, ni nadie podrá ayudarte, en esta marcha,
es tomar aliento y continuar insistiendo,
en este agotador ascenso,
que se ha vuelto el camino de tus sueños,
no hay senderos, no hay planicies,
sólo un muro, empinado de roca,
abajo hay vacío,
arriba el cielo
y tú, en medio.
Y sigues aferrada con todas tus fuerzas,
a este muro de roca empinada.
Sé que no detendrás la marcha, aunque el aliento te falte,
aunque llegue la noche
y aún estes en la nada,
sé que no te quedarás dormida,
sólo esperarás que llegue el día,
para continuar la gran escalada de tu vida.
Ascender a las cumbres se ha vuelto un desafío,
uno tras otro, van cayendo en el camino,
las manos heridas, con las piedras filosas,
insistes en seguir subiendo,
tus manos como garras,
aferradas a cada roca
y miras hacía abajo, sólo ves quebradas,
lo único que te sostiene a ellas,son tus manos como garras
aferradas,
cada roca que se desprende, es un sueño que va cayendo
y sigues insistiendo en no detener la marcha,
el camino se ha vuelto hostil, mas insistes en seguir,
como una luchadora obstinada por alcanzar las cumbres
empinadas.
Te detienes por un instante en la nada, tus manos
a las rocas aferradas,
nada, ni nadie podrá ayudarte, en esta marcha,
es tomar aliento y continuar insistiendo,
en este agotador ascenso,
que se ha vuelto el camino de tus sueños,
no hay senderos, no hay planicies,
sólo un muro, empinado de roca,
abajo hay vacío,
arriba el cielo
y tú, en medio.
Y sigues aferrada con todas tus fuerzas,
a este muro de roca empinada.
Sé que no detendrás la marcha, aunque el aliento te falte,
aunque llegue la noche
y aún estes en la nada,
sé que no te quedarás dormida,
sólo esperarás que llegue el día,
para continuar la gran escalada de tu vida.