Nommo
Poeta veterano en el portal
Te conmueve mi canción, y tus lágrimas recorren sendas mejillas.
Afloran las orejas de soplillo, que echan a volar,
por encima del estercolero, en el que brotan espontáneamente, los cigarrillos.
Evitas la tentación de la estanquera de Vallecas, y no quieres fumar.
El olor de la basura acumulada es putrefacto, y te hace huir rauda y veloz.
Llegas donde yo vivo, rodeado de silencio. Nubes blancas, cielo azul.
Llamas a la puerta, hecha de aliento de vida, y de rayos de Sol.
Tocas la aldaba dorada y presionas el botón del timbre.
Canta el mayordomo, para darte la bienvenida. Es un sapo verde y gordo, pero bien vestido.
Te recibo. Soy monógamo...
Prescindo de concubinas. Tuve harén, pero hoy por hoy, ya no soy un jeque árabe.
Pues no me interesan los pozos petrolíferos.
Ni me atavío con turbante, para adornar mi cabeza...
Ni túnica, ni sandalias. Ni pipa de agua o cachimba, ni jarra de cerveza.
En mí, no cabe el enojo, ni tampoco la risa. No perdono, pues tampoco castigo.
Al principio, era la Nada y era el Todo.
Traes de regalo, una cesta de higos secos, presuntamente, para añadir troceados, a la ensalada.
Peinas tu pelo, y el viento azota tus pechos, pues aquí arriba, no puedes esconderte.
Ni taparte...
Te invito a comer endivias con tomate y pera sin cáscara. Yogur de fresa, y natillas de vainillla.
¡ No te atiborres !
Luego, vendrá la merienda.
Tranquila: ¡ Sooo, caballo !
El chocolate puro, con el café descafeinado y la leche, ¡ A las seis de la tarde !
Asómate al balcón y mira todo el continente. Qué pequeña es España...
Afloran las orejas de soplillo, que echan a volar,
por encima del estercolero, en el que brotan espontáneamente, los cigarrillos.
Evitas la tentación de la estanquera de Vallecas, y no quieres fumar.
El olor de la basura acumulada es putrefacto, y te hace huir rauda y veloz.
Llegas donde yo vivo, rodeado de silencio. Nubes blancas, cielo azul.
Llamas a la puerta, hecha de aliento de vida, y de rayos de Sol.
Tocas la aldaba dorada y presionas el botón del timbre.
Canta el mayordomo, para darte la bienvenida. Es un sapo verde y gordo, pero bien vestido.
Te recibo. Soy monógamo...
Prescindo de concubinas. Tuve harén, pero hoy por hoy, ya no soy un jeque árabe.
Pues no me interesan los pozos petrolíferos.
Ni me atavío con turbante, para adornar mi cabeza...
Ni túnica, ni sandalias. Ni pipa de agua o cachimba, ni jarra de cerveza.
En mí, no cabe el enojo, ni tampoco la risa. No perdono, pues tampoco castigo.
Al principio, era la Nada y era el Todo.
Traes de regalo, una cesta de higos secos, presuntamente, para añadir troceados, a la ensalada.
Peinas tu pelo, y el viento azota tus pechos, pues aquí arriba, no puedes esconderte.
Ni taparte...
Te invito a comer endivias con tomate y pera sin cáscara. Yogur de fresa, y natillas de vainillla.
¡ No te atiborres !
Luego, vendrá la merienda.
Tranquila: ¡ Sooo, caballo !
El chocolate puro, con el café descafeinado y la leche, ¡ A las seis de la tarde !
Asómate al balcón y mira todo el continente. Qué pequeña es España...
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