Boddah
Poeta recién llegado
A mi Flaquito
Sostuve tu cabecita en tu último estertor
-¿Doctor está sufriendo?-
pregunté con lágrimas en la garganta
-No hija, ya todo acabó-
¿Realmente todo había acabado ahí? ¿así?
¿Así se acaba con quince años de amor franco?
¿Cómo se matan quince años de experiencias,
de aprendizaje, de sonrisas y ayuda mutua?
Así, con una aguja en tus diminutas venas, ya gastadas.
¡No puede ser! ¡No de esta manera!
¿Quién es el ciego ahora?
El cielo te ha llorado desde entonces
y yo lucho por meter tu diminuto cuerpo
en mi corazón, a empujones.
Nunca había visto tan combativo ser, metido
en huesos tan delgados y desgastados;
fuerza sobrehumana para caer y levantarte
dar tumbos, tropezar con paredes, personas
y aún así tener más coraje que uno mismo
para vivir la triste, la difícil vida.
En nuestro último abrazo sostuve tus últimos sueños
caíste dormido, cansado, inerme
en vano trataba de llorarte de que ya no habría dolor,
que me perdonaras, que no tuvieras miedo.
Los grandes como tú nunca saben de nimiedades humanas
La miedosa, la lastimada, la irresoluta, la débil era yo.
Te envolví entre tu sabanita, te llevamos a casa sin vida
Te acostamos en tu cajita, te puse tu playera
(no vaya ser que te diera frío en el camino)
Coloqué tu collar alrededor de tu cuello y dije:
cuando llegues al paraíso de los buenos,
al ver este collar con tu nombre todos dirán:
ahí está Pistón el gigante de gigantes.