Así aprendí a amar.

Tetto

Poeta recién llegado
Te reto a hacer algo,
—escuché en mi subconsciente—
¿qué quieres, horrible guillo, esta vez de mí?
A que no te animas de nuevo, a enamorarte.
¿Tú estás loco? ya sabes que no quiero saber de eso —con firmeza respondí—
Por favor, suplico que lo intentes, podrías ser feliz.
¿Y eso para qué? Me ilusionaré, durará poco, como siempre, lo echaré a perder.
Y entonces apareció, la manzana prohibida, el horrible amor,
y el grillo que aún exigía.
Dice la leyenda, que no debes ver al amor a los ojos,
que te lastimará usando la ilusión,
que te hará llorar,
que te romperá el corazón.
Desafiando las leyes, decidí comprobar la leyenda.
Mi mirada firme se topó con que venía de la mano tomada,
con una señorita, —a la cual no me animaba a ver, aunque me tentaba—
inflé el pecho, dejando de un lado al orgullo, sin pedirle perdón,
la vi a los ojos, y comprobé que la leyenda era cierta: me enamoró.
Digna de la poesía más bella era ella,
fue lo primero que se reflejó dentro mío,
salida de un cuento de fantasía.
Tenía ojos en los que no me podía mantener mi concentración,
pues en ellos me perdía.
Y sus labios, sus labios eran la mayor utopía,
podría pasar escondido en ellos, todo el día,
podría pasar escondido en ellos, toda la vida.
Ya era tarde, me había perdido a mí mismo,
gracias, murmuré y sellé el mensaje para el pequeño grillo,
tenía una idea equivocada de ti, mis disculpas caballero.
De la mano con aquella señorita, perdido en mi mundo,
abrí los ojos, recordé, que del uno al cero,
existe solo segundo.
¿Qué más da? —pronunciaron mis labios—
seré feliz esta vez, el resto mejor olvidarlo.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba