horacio caraballo
Poeta recién llegado
Puse delicadamente una nuez
en la comisura de tu fina boca.
Seguí acariciando con mis labios tu piel
hasta dejarte de nuevo muy loca.
Puse entre tus tímidas manos
de mi jardín una pequeña rosa
y su aroma enloqueció tus sentidos
y brotó el manantial de la roca.
Puse entre tus bellos pechos
una tibia caricia que provoca,
un suspiro agotado en tus oídos
y desvalidos besos que me tocan.
Puse entre tus largas piernas
la alocada semilla de la vida.
Deslicé mi mano hasta el centro
y desboqué los corceles de sus bridas.
Puse la pasión entre tus sueños,
para que recuerdes lo que nunca se olvida.
Así despierto tu instinto de mujer
y el gozo final, aunque ya estés perdida.
en la comisura de tu fina boca.
Seguí acariciando con mis labios tu piel
hasta dejarte de nuevo muy loca.
Puse entre tus tímidas manos
de mi jardín una pequeña rosa
y su aroma enloqueció tus sentidos
y brotó el manantial de la roca.
Puse entre tus bellos pechos
una tibia caricia que provoca,
un suspiro agotado en tus oídos
y desvalidos besos que me tocan.
Puse entre tus largas piernas
la alocada semilla de la vida.
Deslicé mi mano hasta el centro
y desboqué los corceles de sus bridas.
Puse la pasión entre tus sueños,
para que recuerdes lo que nunca se olvida.
Así despierto tu instinto de mujer
y el gozo final, aunque ya estés perdida.