Después de haberte contemplado
en la caída del crepúsculo encendido,
bailé de gusto, como un enamorado
en esta tierra de semejanza
al edén de los ensueños,
y pude acariciar los horizontes,
donde tu figura de Venus resaltaba
como un lucero de diamantes,
que subía y bajaba como las estrellas,
como lo hace también el firmamento.
Así eres tú, como las estrellas infinitas
que se mecen en el cielo.
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