• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Así es el Amor

<<HIPOLITO>>

Poeta asiduo al portal
A veces Dios nos da regalos
que creíamos no necesitar,
que pedíamos en voz bajita,
casi como un murmullo avergonzado,
como pedirle oro a una mina de carbón,
como encender un solo cerillo
para iluminar un oscuro rincón.

A veces, sin creer en milagros,
Dios no nos da una lección,
nos da una nueva forma de latir el corazón,
para sincronizarlo con otro,
porque el alma no es solitaria,
sino que necesita resonar.

Pero antes te hace replantearte,
porque una semilla no nace sin levantar la tierra,
no germina sin elementos,
ni se asoma si hay solo silencio.

No, una semilla necesita
el campo fértil
limpio de la mala hierba
de un pasado que dolió.

Nada nace si no incomoda,
así como un hijo
empuja las entrañas de su madre,
porque toda vida nueva
tiene que doler un poco
para emerger como algo nuevo.

Y así el amor real incomoda,
cuando has tenido solo espinas en el cuerpo,
cuando has tenido sed en medio de un manantial.

Así Dios te entrega sus regalos,
como una madre entrega vida
a través del cordón umbilical:
sin público ni observadores,
lo entrega desde adentro,
para que sea solo tuyo.

A veces Dios nos da regalos
combinando el agua con el aceite,
convirtiendo el plomo en oro.
Sí, es un alquimista por excelencia.

Y en esa alquimia me mostró a ti,
para decirme: ahí es,
para decirme: ahí está el milagro
que pediste en voz bajita,
que lloraste a escondidas,

porque así es ella,
el milagro que Dios me regaló.
 
A veces Dios nos da regalos
que creíamos no necesitar,
que pedíamos en voz bajita,
casi como un murmullo avergonzado,
como pedirle oro a una mina de carbón,
como encender un solo cerillo
para iluminar un oscuro rincón.

A veces, sin creer en milagros,
Dios no nos da una lección,
nos da una nueva forma de latir el corazón,
para sincronizarlo con otro,
porque el alma no es solitaria,
sino que necesita resonar.

Pero antes te hace replantearte,
porque una semilla no nace sin levantar la tierra,
no germina sin elementos,
ni se asoma si hay solo silencio.

No, una semilla necesita
el campo fértil
limpio de la mala hierba
de un pasado que dolió.

Nada nace si no incomoda,
así como un hijo
empuja las entrañas de su madre,
porque toda vida nueva
tiene que doler un poco
para emerger como algo nuevo.

Y así el amor real incomoda,
cuando has tenido solo espinas en el cuerpo,
cuando has tenido sed en medio de un manantial.

Así Dios te entrega sus regalos,
como una madre entrega vida
a través del cordón umbilical:
sin público ni observadores,
lo entrega desde adentro,
para que sea solo tuyo.

A veces Dios nos da regalos
combinando el agua con el aceite,
convirtiendo el plomo en oro.
Sí, es un alquimista por excelencia.

Y en esa alquimia me mostró a ti,
para decirme: ahí es,
para decirme: ahí está el milagro
que pediste en voz bajita,
que lloraste a escondidas,

porque así es ella,
el milagro que Dios me regaló.
A veces la vida es dura, pero nos da lecciones, aunque muchas pueden ser difíciles de aceptar, nos preparan para recibir los milagros que Dios nos da en formas inesperadas.
Que reine el amor y la virtud humana.

Saludos
 
A veces Dios nos da regalos
que creíamos no necesitar,
que pedíamos en voz bajita,
casi como un murmullo avergonzado,
como pedirle oro a una mina de carbón,
como encender un solo cerillo
para iluminar un oscuro rincón.

A veces, sin creer en milagros,
Dios no nos da una lección,
nos da una nueva forma de latir el corazón,
para sincronizarlo con otro,
porque el alma no es solitaria,
sino que necesita resonar.

Pero antes te hace replantearte,
porque una semilla no nace sin levantar la tierra,
no germina sin elementos,
ni se asoma si hay solo silencio.

No, una semilla necesita
el campo fértil
limpio de la mala hierba
de un pasado que dolió.

Nada nace si no incomoda,
así como un hijo
empuja las entrañas de su madre,
porque toda vida nueva
tiene que doler un poco
para emerger como algo nuevo.

Y así el amor real incomoda,
cuando has tenido solo espinas en el cuerpo,
cuando has tenido sed en medio de un manantial.

Así Dios te entrega sus regalos,
como una madre entrega vida
a través del cordón umbilical:
sin público ni observadores,
lo entrega desde adentro,
para que sea solo tuyo.

A veces Dios nos da regalos
combinando el agua con el aceite,
convirtiendo el plomo en oro.
Sí, es un alquimista por excelencia.

Y en esa alquimia me mostró a ti,
para decirme: ahí es,
para decirme: ahí está el milagro
que pediste en voz bajita,
que lloraste a escondidas,

porque así es ella,
el milagro que Dios me regaló.
Un excelente poema. Un gusto pasar.
Saludos.
 
Atrás
Arriba