De entre los bosques más frondosos,
Una bella flor su dulzura asoma,
Como postales de parís,
Su carmesí deja huella,
En corazones deshechos en pena,
Sus caricias son seda del Edén,
Su mirada la más bella de las estrellas,
Oh Calíope, perdona mi desdicha,
Pues ahora ella es dueña de mis poemas,
Y su belleza es tal,
Que destronada quedo afrodita,
Alberga en su cabello la brisa de los campos elíseos,
Y no pasa una noche sin que me pregunte,
Si puede existir algo más perfecto,
Será un ángel? , quizás,
Es entonces cuando me haces dudar de mi ateísmo,
Y cual droga dura que se pueda apreciar,
Entra en juego su voz,
Daga ferviente que penetra errante en mi corazón,
Y convierte eterno el silencio,
Aun a expensas de quedarme ciego,
Puedo posar mi mirada al cielo con desprecio,
Mirar al sol,
Y confirmar que deslumbra más el carisma que te hace especial,
A tu lado me siento el mortal más cercano al cielo,
Su sonrisa embriagadora hace de la vida algo ameno,
Pero me siguen faltando calificativos,
Pues es tan difícil definir tu perfección,
Que por bello que pueda quedar mi mejor poema,
A tu lado, me parece burdo.