Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
El mes de brumario en ciernes.
Crepúsculo anubarrado.
El sollozo de la lluvia
y de calma un intervalo.
El momento de ternura,
susurro cálido y grato,
a la piel y al alma llega
en inefable cansancio
volviendo de terciopelo
la ansiedad de nuestro abrazo.
A sí mismas las palabras
parecen, en este lapso,
ocultarse cual supieran
que sólo quieren los labios
saborear en sosiego
la estela de sus contactos,
mientras la llovizna insiste
suspirar sobre el tejado
y la tarde palidece
en las manos del brumario.
La íntima melancolía
y los lánguidos ocasos
que hacer suelen que sintamos
tiempo de amor al brumario;
a media luz los vislumbro
cuando levantas, despacio,
de mi pecho tu mejilla
y me musitas, muy bajo,
con el otoño en tus ojos,
un suave y profundo…¡te amo!
Crepúsculo anubarrado.
El sollozo de la lluvia
y de calma un intervalo.
El momento de ternura,
susurro cálido y grato,
a la piel y al alma llega
en inefable cansancio
volviendo de terciopelo
la ansiedad de nuestro abrazo.
A sí mismas las palabras
parecen, en este lapso,
ocultarse cual supieran
que sólo quieren los labios
saborear en sosiego
la estela de sus contactos,
mientras la llovizna insiste
suspirar sobre el tejado
y la tarde palidece
en las manos del brumario.
La íntima melancolía
y los lánguidos ocasos
que hacer suelen que sintamos
tiempo de amor al brumario;
a media luz los vislumbro
cuando levantas, despacio,
de mi pecho tu mejilla
y me musitas, muy bajo,
con el otoño en tus ojos,
un suave y profundo…¡te amo!
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