Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
Atardecer en Plettenberg Bay
La bajamar reabría el juego
de islas y cartas tras una mística
de celajes calmos y alborios
de cuentas de arcilla. El cielo,
de adobe y pálido alazán,
encallaba a grandiosas golondrinas
tras el impla aurífero del atardecer.
El mar Indico a los pies de mi balcón de escayola,
un árbol griego besándome el oído, los jardines
de Constantinopla enjalbegando
el follaje interior.
La bajamar reabría el juego
de islas y cartas tras una mística
de celajes calmos y alborios
de cuentas de arcilla. El cielo,
de adobe y pálido alazán,
encallaba a grandiosas golondrinas
tras el impla aurífero del atardecer.
El mar Indico a los pies de mi balcón de escayola,
un árbol griego besándome el oído, los jardines
de Constantinopla enjalbegando
el follaje interior.