Agustín Nicolás
"El recuerdo es el idioma de los sentimientos"
Atardecer
Atardecer de instantes,
ocaso de fugacidad.
De leves suspiros ardientes,
anaranjados, perdidos en la inmensidad.
Acaricias la imponente llanura,
el plumaje pardo de un hornero,
las verdosas acacias del mes de enero;
mi alma, a la que con tu luz curas.
Embelleces la tez blanca de mi amada.
Su largo castaño oscuro con el viento se mece.
En silencio mi ser permanece.
Por dentro mi corazón estalla...
Ocaso, fin del día, viejo sol,
que durante siglos con tu belleza deleitaste
a todos nuestros antepasados, ya convertidos en polvo,
y a todos nuestros sucesores, hasta que también seas uno de nosotros.
Antes de que te succione por completo el horizonte
y el mismo te traiga en el alba,
quiero guardarte en mi mirada
para que te mezcles con las antiguas tardes;
pretéritas pasiones, charlas, recuerdos inamovibles
que mi pecho y memoria resguardan,
hasta que la muerte asome.
Y el tiempo, indiferente,
su cotidaneidad retome
y en otros ojos te poses.
Atardecer de instantes,
ocaso de fugacidad.
De leves suspiros ardientes,
anaranjados, perdidos en la inmensidad.
Acaricias la imponente llanura,
el plumaje pardo de un hornero,
las verdosas acacias del mes de enero;
mi alma, a la que con tu luz curas.
Embelleces la tez blanca de mi amada.
Su largo castaño oscuro con el viento se mece.
En silencio mi ser permanece.
Por dentro mi corazón estalla...
Ocaso, fin del día, viejo sol,
que durante siglos con tu belleza deleitaste
a todos nuestros antepasados, ya convertidos en polvo,
y a todos nuestros sucesores, hasta que también seas uno de nosotros.
Antes de que te succione por completo el horizonte
y el mismo te traiga en el alba,
quiero guardarte en mi mirada
para que te mezcles con las antiguas tardes;
pretéritas pasiones, charlas, recuerdos inamovibles
que mi pecho y memoria resguardan,
hasta que la muerte asome.
Y el tiempo, indiferente,
su cotidaneidad retome
y en otros ojos te poses.