Gilmar Antonio
Poeta recién llegado
La sencilla vida mía se escondió de los humos tricolores de la ciudad,
La exacerbación de mi mente y sus esclavos que no dan sinapsis.
Las corrientes eternas de la pena,
Los aullidos silentes de mi alma sin esperanza,
El realismo convertido en pesimismo para mi satisfacción.
Los colores de mi semilla ya no suelen ser los mismos,
Y como si fuera poco, las taquicardias no son de alegrías,
Más no me asusto, porque un fantasma no se asusta de sí mismo,
Frívolo, pálido y resignado.
La exacerbación de mi mente y sus esclavos que no dan sinapsis.
Las corrientes eternas de la pena,
Los aullidos silentes de mi alma sin esperanza,
El realismo convertido en pesimismo para mi satisfacción.
Los colores de mi semilla ya no suelen ser los mismos,
Y como si fuera poco, las taquicardias no son de alegrías,
Más no me asusto, porque un fantasma no se asusta de sí mismo,
Frívolo, pálido y resignado.