Hortencia
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Quién dijo que solo los amaneceres son bellos?
He visto caer la tarde,
encarnarse entre los árboles,
Son ángeles, hadas y duendes.
Elevan plegarias al cielo,
son la seducción hecha carne.
Profetas dedo infinito,
rociando estrellas por doquier,
Miran como se acuna el trigo,
para dormir después.
Con sabiduría se vuelven salvajes,
cubriéndose con la cobija de estrellas,
Apasionados se miman hasta amanecer;
dejando rutas de estelas,
huellas que seguimos después.