Raúl Castillo
Poeta que considera el portal su segunda casa
I
Cuando al fin leas mi carta habré emprendido el camino.
No sé si sea el destino, el que mi suerte reparta,
permíteme que comparta estas líneas de dolor
y es que abandona el amor cuando falta la verdad;
sea mi ausencia maldad, la despedida una flor.
II
Más allá de la ventana, en tardes que compartimos
quedará lo que vivimos, ahora memoria arcana;
en la frágil porcelana de aquel pobre corazón,
que ha perdido la razón entre dimes y diretes,
en la prisión y grilletes, donde ha faltado el perdón.
III
Mas en mis letras confieso, que en mi pecho llevo atada,
tu cada dulce mirada y aquel sonreír travieso,
que terminaba en un beso, a la luz del nuevo día
y que de noche pedía el consumar nuestro amor,
impregnarme en el olor, de la sed que te tenía.
Cuando al fin leas mi carta habré emprendido el camino.
No sé si sea el destino, el que mi suerte reparta,
permíteme que comparta estas líneas de dolor
y es que abandona el amor cuando falta la verdad;
sea mi ausencia maldad, la despedida una flor.
II
Más allá de la ventana, en tardes que compartimos
quedará lo que vivimos, ahora memoria arcana;
en la frágil porcelana de aquel pobre corazón,
que ha perdido la razón entre dimes y diretes,
en la prisión y grilletes, donde ha faltado el perdón.
III
Mas en mis letras confieso, que en mi pecho llevo atada,
tu cada dulce mirada y aquel sonreír travieso,
que terminaba en un beso, a la luz del nuevo día
y que de noche pedía el consumar nuestro amor,
impregnarme en el olor, de la sed que te tenía.
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